El PP y la Plaza de Toros de Valencia

Este fin de semana se celebra en Valencia la Convención Nacional del PP, mejor dicho el final de una Convención itinerante, iniciada en Santiago de Compostela. Una fórmula novedosa y movilizadora para recoger entusiasmos y compactar un partido que aspira a gobernar en breve, animado por las reiteradas encuestas de intención de voto.

Llenar la Plaza de Toros de Valencia ha sido, en las últimas décadas, para el PP sinónimo de victoria, reciente o cercana. Por eso se ha buscado ese icónico lugar para el domingo, 3 de octubre, para clausurar la Convención.

Curiosamente, Ximo Puig va a contribuir a que la foto del “llenazo” sea una realidad, salvo sorpresa mayúscula. Y es que, con las nuevas normas sobre restricciones de aforo, ya no se limita a 5.000 personas, sino que caben 9.000 personas para esa jornada de clausura, un 75% de la capacidad total del coso de la calle Xátiva. El tendido tiene una capacidad de 10.941 personas y en el albero 1.000 personas más.

La organización de la Convención ya estaba preparada para este cambio de aforo, y se muestra optimista a tenor de las peticiones y clima que afirma vivir en estos días previos.

¿Qué tiene Valencia, que es ciudad elegida por el PP, y unas semanas después por el PSOE, para su Congreso nacional? La Comunidad Valenciana tiene 32 actas de diputados en juego, y suele ser el signo de hacia dónde se inclina la balanza política. El PP tiene asegurado Madrid, y sabe que necesita la Comunidad Valenciana, como en otros tiempos. Por geografía, clima e idiosincrasia de los valencianos, se garantiza en todos los casos una buena movilización en octubre.

Pablo Casado busca que el 3 de octubre, en la Plaza de Toros, sea el símbolo de que el PP vuelve, que va a gobernar en breve. Quiere elevar la moral de los suyos, y decantar la orientación de los dubitativos, con propuestas en la Convención y con gestos o símbolos, como una Plaza a rebosar.

Acompañarán a Pablo Casado líderes internacionales y autonómicos. Que no se le escapen gestos de “envidieja” por la popularidad de Isabel Díaz Ayuso. Con lo efusivos y espontáneos que son los valencianos, que esté preparado, porque en varios momentos vitorearán a la presidenta de la Comunidad de Madrid, y los gestos de Pablo Casado o Teodoro García Egea también pueden ser la “foto” para algunos, que sabrían explotar para trasladar una imagen de protagonismo o personalismo.

Carlos Mazón, presidente del PP en la Comunidad Valenciana, y María José Catalá, secretaria general y portavoz en las Cortes Valencianas –candidato el primero a presidir a Generalitat Valenciana, y la segunda a la alcaldía de Valencia-, estarán al lado de Casado los días 2 y 3, y también confían en que esta Convención les suponga una catapulta. Están en un momento dulce políticamente hablando.
De hecho, la consigna en el PP valenciano viene siendo la de estar preparados por si hay elecciones anticipadas antes de 2023, porque les conviene para estar muy movilizados. No creo que las haya, porque la situación política es tan volátil que no veo factible que Ximo Puig arriesgue adelantando elecciones.

María José Catalá es portavoz porque Carlos Mazón no es diputado en las Cortes Valencianas. Catalá, en el Debate de Política General del pasado lunes 27 de septiembre, acorraló a Mónica Oltra por la sentencia de abusos sexuales a una menor tutelada que dependía de la Consellería de Oltra. Pidió su dimisión, así como la de Ximo Puig, hablando de indignidad, humillación y desprotección a la menor.

Catalá estuvo brillante y los ecos de esa intervención han calado en la sociedad valenciana. No es una novata: alcaldesa de Torrent con mayoría absoluta en dos ocasiones, consellera de Educación y portavoz con Alberto Fabra… y tiene 40 años. Forma un buen tándem con Carlos Mazón, que no tiene “envidieja”, o no lo parece.

El PP quiere crecer a izquierda y derecha, sin mirar al pasado. No puede ser un mero partido de gestión. Ha de presentar ideas, programa renovador y diferenciado del PSOE, que entusiasme, y que luego cumpla. No es momento de protagonismos personales para el PP, ni para España, sino de alternativa rigurosa frente a un Pedro Sánchez que traga todo con tal de estar en Moncloa.