40 AÑOS de premios Goya

Dicen que la ceremonia de entrega de los premios Goya de este año ha sido la que más seguimiento ha tenido en los últimos tiempos. Es posible. También es posible que TV1 esté exagerando, como de costumbre.

Lo cierto es que los presentadores -en especial Luis Tovar- estuvieron como inexistentes, faltos de imaginación, carentes de gracia. Al programa le sobró, como ya es habitual, una buena hora. El premio especial a Susan Sarandon -a la que probablemente se instruyó para que hablara bien de Sánchez- fue patético. Las referencias a la paz, la protección a la mujer y el medio ambiente, fueron inevitables como de costumbre. Igual que la presencia de la plana mayor del gobierno y sus amigos.

De la organización, solo cabe salvar el merecido homenaje al nonagenario realizador y escritor Gonzalo Suárez, que nos ha ofrecido a lo largo de sus años, cerca de un centenar de películas, guiones y novelas.

Por lo demás, las películas que competían por alcanzar los codiciados premios eran mayoritariamente de mediana calidad, una cosecha nutrida por historias de realismo social, muy próximas a la vida misma.

De este modo, las principales películas nos muestran a una joven que desea ser monja y se encuentra con la resistencia materna y el consentimiento paterno (Los domingos); un padre que se adentra en el desierto marroquí en busca de su hija que desapareció en una fiesta rave (Sirat); una mujer sorda preocupada por saber si su bebé será oyente o también sorda (Sorda); un buzo en apuros económicos que intenta salir de ellos con un alijo de droga encontrado en un barco hundido (Los tigres); un teniente franquista y un chef republicano preparan una cena para Franco en el hotel Palace de la postguerra (La cena); un veterano gay se siente forzado a entrar de nuevo en el armario (Maspalomas); tras la desaparición de su mujer, un profesor de geografía rehace su vida como jardinero (Una quinta portuguesa); un joven catalán decide emigrar a Holanda para reencontrarse a sí mismo (Muy lejos).

Un poco de todo, como se ve. Con un nivel aceptable, pero sin obras maestras y con frecuencia, rozando la banalidad.

Ya en otras ocasiones he recogido datos sobre la estructura del cine español, sobre el número de películas producidas anualmente (Unas 280, incluidos documentales, cortos y cine animado), la modesta participación en el PIB de nuestro país (1.200 millones de euros), la escasa recaudación, que está por debajo de los 250 millones de euros de subvenciones del gobierno. Tan solo una película logró recaudar más de 10 millones de euros. La mitad de las producciones no alcanzaron ni 100 euros de recaudación en taquilla.

El esfuerzo que se está haciendo por mantener a flote nuestro cine es heroico. El hecho de que se trate de una industria muy politizada y que la izquierda la estimule como mera publicidad de su ideario y símbolo de progresismo quizá explique su agónica existencia y su escaso público.

Nuestro cine requiere buenas dosis de libertad e independencia.

  • Jorge Fuentes Monzonís-Vilallonga es Master en Ciencias Políticas y Económicas y Derecho. 
    Diploma de Altos Estudios Internacionales. Embajador de España en Bulgaria en 1993. 
    Primer Embajador de España en Macedonia en 1995. 
    Embajador de España en Bruselas WEU en 1997, entre otros cargos.