Se venía rumoreando desde hacía meses que Mónica Oltra quería volver a la primera línea política, y más porque en Compromís lo querían, a la vista de un liderazgo que ahora no tienen.
A poco que se piense, atribuir una condición de liderazgo a una política como Oltra que se ha de sentar en el banquillo, con más de una decena de cargos de la Consellería de Igualdad cuando ella era consellera –y vicepresidenta primera del Consell, y portavoz, suena muy raro, muy poco ético.
Una menor tutelada que sufrió abusos, que lo expuso a diversas personas, que no le hicieron caso e incluso amenazando que tuviera cuidado, porque el marido de Oltra era el marido de Oltra, nada más y nada menos.
Bastó que un policía apareciera un día en ese centro, y la menor le contó: en pocos minutos, se pudo en marcha todo. ¿Y en toda la Consellería no se hizo nada, no se sabía nada?
De verdad, los niños no vienen de París. Es una historia que hiede, que descalifica a algunas que hablan de feminismo.
La Audiencia Provincial ha ordenado la apertura de juicio oral a la dirigente por el presunto encubrimiento e inacción de abusos sexuales a una menor tutelada por la Generalitat. En los juicios ya se sabe que no basta la intuición o convicción de culpabilidad, sino que hace falta tener pruebas. Parece que la Audiencia ve indicios sólidos y fundados.
Parece quedar obsoleto que el hecho de imputar a un político le condujera a dimitir, a desaparecer. Ahora es juicio oral, y unos cuantos cargos de la Consellería.
La desprotección de una menor tutelada, el calvario al que sometieron a Maite desde 2017, la imputación a Oltra que le condujo a dimitir en 2022- ¿y ahora se presenta a las elecciones teniendo juicio por delante? -, con el aplauso de Compromís e incluso de los socialistas valencianos, no se sabe si por temor a Oltra o porque piensan que pueden recuperar la Alcaldía de Valencia.
La izquierda aplaudiendo que se presente, como si el caso de los abusos no tuviera entidad. Es más: el regreso de Oltra puede lograr una única candidatura a la izquierda del PSPV en Valencia-ciudad.
Los líderes de Esquerra Unida, Podemos o Esquerra Republicana han alabado la decisión de Oltra y se muestran dispuestos a una candidatura conjunta, teniendo como candidata a Mónica Oltra.
El pasado sábado expresó su intención de luchar por la Alcaldía de Valencia. Parece como si la decisión judicial haya confirmado en Compromís el apoyo a Oltra, casi suplicándole.
Oltra puede movilizar algo al electorado progresista, tiene un alto grado de conocimiento entre la población y gran influencia mediática. Habrá que ver lo que dictan las urnas dentro de un año.
También es cierto que PP y Vox, ahora gobernando el ayuntamiento de Valencia, con una líder consolidada como María José Catalá, tiene muchos argumentos para movilizar al electorado conservador, que vería con estupor a una Mónica Oltra como alcaldesa de la tercera ciudad de España. El PP va al alza, Vox estancado o un poco a la baja, y una alcaldesa querida y con proyectos: en principio no parece peligrar que Catalá revalide el puesto.
Hay que tener en cuenta el tirón electoral de las candidatas locales para la Generalitad. Es indudable que Catalá aporta votos a quien se presente candidato a la Generalitat, en principio Juanfran Pérez Llorca, y habrá que ver si la candidatura local de Oltra aporta a la lista autonómica de Compromís.
Oltra suscita admiración en la izquierda y temor en los partidos políticos. Se le teme. Todavía se recuerda cómo cerró un centro de menores en Segorbe, en 2017, para tapar en la opinión pública el abuso de su entonces marido, ahora en prisión.
La Audiencia de Castellón concluyó que el cierre de ese centro de menores de Segorbe fue al margen de la ley y sin la motivación adecuada. Gestionaban ese centro de menores las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, víctima de la crueldad y de los manejos de Oltra.
Hábil, torticera, cruel: con todos los antecedentes y la situación judicial de Oltra en la actualidad, la izquierda valenciana en pleno aplaude el regreso de Oltra. Sorprenda o no, así está la sociedad y la política. Que PP y Vox espabilen.
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
