Me parece que, en la práctica, los temas importantes de la Iglesia se tocan por especialistas, que se asocia a sacerdotes y religiosos. Como fenómeno social, escribir sobre la religión parece cuestión arriesgada, en parte por la ignorancia religiosa que existe, y que abarca a la Iglesia, al Papa.
No es perjudicial, sino conveniente, que haya webs o secciones sobre la religión, y de hecho en El Confidencial Digital está muy arraigada Religión Confidencial.
Sin embargo, la Iglesia es noticia sobre todo cuando hay algún escándalo o desaguisado. No es justo. Hay grandes cuestiones para los católicos que apenas se tratan, por temor, complejos curiosos, o por pereza en documentarnos los periodistas para poder opinar, como lo hacemos en cuestiones económicas, jurídicas, sanitarias, etc.
Una de esas cuestiones primordiales es la llamada universal a la santidad y el apostolado, que se destacó en el Concilio Vaticano II, en concreto en la Lumen Gentium. En teoría, parece algo sabido, pero en la práctica tanto clérigos como laicos siguen anclados en un cierto clericalismo, con decisiones y enfoques que reducen la importancia de los laicos en la Iglesia y su vocación a la vida ordinaria, no solo su presencia en sacristías y templos.
El templo de los laicos es la calle. No hay una postura de quitar protagonismo a instituciones religiosas ni parroquias, sino que hay que asimilar en la práctica por parte de todos la importancia de los laicos, que es la mayoría de los católicos, y no empeñarse a veces en que hombres y mujeres tengan mucha visibilidad y presencia en los templos.
En la Audiencia General del pasado Miércoles Santo, el Papa León XIV abordó la necesidad de que los laicos impregnen con sus elecciones la belleza de la vida cristiana.
El Papa subrayó que "el amplio campo del apostolado laical no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se amplía al mundo. La Iglesia, de hecho, está presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana” (…) ¡Y esto es posible solamente con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos!".
Para destacar que es algo subrayado en el Concilio Vaticano II citó la Lumen Gentium. No es un invento de ahora ni de hace un lustro.
60 años después puede decirse que se ha avanzado, pero menos de lo deseable. No se trata de culpar a nadie, sino de analizar el retraso. El “toque” del Papa es para los laicos…y para los clérigos.
Es fácil decir que los laicos deben estar más presentes en la sociedad, por pura coherencia con su fe. No se puede defender que el lugar de los laicos es la vida privada, o ser sacristanes, o laicos a quienes los sacerdotes encargan tareas. Es la dimensión social del hombre, que también para los católicos impulsa o debe impulsar a buscar decisiones como se recuerda en la Doctrina Social de la Iglesia.
Obsérvese la expresión del Papa: “con sus elecciones”. Clérigos y laicos han de estar en su sitio y respetar las decisiones y elecciones de los laicos, sin esperar órdenes o soluciones de los sacerdotes, como si los católicos fueran una “longa manus” del clero.
¿De verdad se forma a fondo desde hace 60 años a los católicos en esta dimensión social, libre y responsable, simplemente como consecuencia del Bautismo y de la dimensión social del hombre.?
A mí me parece que hay mucho que mejorar y asimilar en la práctica, y eso corresponde a laicos y sacerdotes. Laicos que se formen mejor y clero que forme mejor a los laicos.
El clero tiene muchas tareas, fruto de su ministerio: celebrar la Misa, confesar, actos litúrgicos, prepararse bien las homilías para que conecten con los asistentes y atraigan más a los que todavía no acuden, catequesis, etc.
En una entrevista al Papa León XIV una periodista le plantea la figura de los diáconos permanentes para las mujeres. El Papa le contestó que tal vez no es uno de los temas más importantes ahora en la Iglesia, y le devuelve una pregunta: ¿no será eso clericalizar a las mujeres? Una reflexión interesante.
Ser un buen católico no equivale a sumar muchas horas en una iglesia: las necesarias e imprescindibles, porque el mundo le espera, y ahí no llega el clero.
La Semana Santa invita a muchas reflexiones. Cuando el Papa ha juzgado oportuno recordar la misión de los laicos, es por algo. Con buena voluntad no se construye, hay que reflexionar, y ver si hay itinerarios de mejora, o seguimos anclados en ciertas formas de clericalismo o dejamos la fe dormida.
Hay tarea por delante. La Iglesia perdurará hasta el final de los tiempos, pero a cada uno nos toca nuestra realidad en cada momento histórico, concreto. Pensar en los primeros cristianos nos puede ayudar.
imagen: Vatican News
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
