El nuevo ministro de Transportes

Las encuestas que maneja el PSOE es que el batacazo electoral va a ser muy superior tras la tragedia de Urda: unos 90 escaños. Afirmé a colegas y amigos que al propio Pedro Sánchez le interesaba electoralmente que dimitiera Oscar Puente: ha tardado en reconocer la evidencia, pues esa dimisión era un clamor y no había otra salida.

El PSOE ahora es un tanatorio. No lo ha sido tanto hasta ahora. No fue suficiente el accidente de Adamuz en enero, pese a que todavía hoy no hay un informe oficial. Tragamos mucho, demasiado.

DANA de Valencia, Adamuz, Ceuta, Koldo, Ábalos, joyas de Zapatero, hermano y cónyuge de Sánchez, y la puntilla ha sido Urda. No cabe la sorpresa, aunque hay que estar atentos a un posible pucherazo.

Me cuesta entender a quien vote PSOE el 29N, con todo lo sucedido. Felipe González me parece más consecuente: votará en blanco. Y me asombra que uno de cuatro votantes, más o menos, siga diciendo que votará al PSOE. España es diferente.

Alberto Núñez Feijóo ya habla convencido de ser el presidente del Gobierno a partir del 29N. Tiene una gran tarea de reconstrucción del país en muchos frentes, gobernando con sensatez por el bien de todos.

Ya tantea los posibles ministros y el programa lo va definiendo. Se le va a exigir mucho.

Lo que queda como exigencia ineludible tras Adamuz y Urda es que los cargos directivos no deben estar en manos de personas amigas del ministro. En estos años ADIF y RENFE han sido, en sus cargos principales, una oficina de colocación para personas con ideología socialista o amigos de alguien. El resultado ya lo vemos: un desastre de gestión, mantenimiento y 115 fallecidos.

Una exigencia concreta para Feijóo: el nuevo ministro de Transportes ha de tener experiencia, prestigio, para que no nos acordemos de Ábalos ni Puente, ¡vaya 2 ministros de Transportes!

Feijóo se ha comprometido en su programa electoral a que los administradores públicos atiendan a “experiencia, mérito y capacidad”, sin premiar la afinidad política. Por tanto, esperamos una cúpula directiva en ADIF y RENFE  elegida con criterios técnicos, despolitizada.

También debe pedir opinión Feijóo a empresarios que conozcan el sector ferroviario y del transporte, para que sugieran alguien que pueda ser ministro de Transportes. Por ejemplo, pedir opinión al empresario valenciano Vicente Boluda, presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE).

Empresarios como Iñigo Parra, presidente de la filial valenciana de la multinacional ferroviaria Stadler (Zaragoza, 1964), modelo de experiencia y eficacia durante décadas, desde su planta de Albuixech, a las afueras de Valencia, y viajando por todo el mundo.

Iñigo Parra, ingeniero industrial, está ligado al sector ferroviario desde 1997, cuando fue nombrado director general de la planta de Alston. Destaca por su solidez operativa, visión estratégica, capacidad de trabajo y de adaptación a contextos industriales cada vez más complejos.

Desde hace años en Valencia, en toda España, nombrar a Iñigo Parra es nombrar a una persona con gran prestigio y que siempre pone la profesionalidad por delante. Es solicitado para pertenecer a todo tipo de entidades.

¿Qué sucede con un directivo de la calidad de Iñigo Parra? Que si le propusieran ser ministro y aceptara, su disminución de ingresos sería más que considerable. Pero por su edad también es una persona tal vez dispuesta a arriesgar unos años de su exitosa carrera profesional, sabiendo que, si no le dejan profesionalizar el Ministerio, puede dar el portazo y volver con toda seguridad a un puesto muy relevante.

Que Feijóo pregunte a María José Catalá, alcaldesa de Valencia, de su total confianza – va de número 1 por Valencia al Congreso de los Diputados -, si no lo ha hecho ya.

He de reconocer que analizaré con lupa al nuevo ministro de Transportes, para ver si se dan esas cualidades profesionales y técnicas. Como yo, también lo harán muchos españoles, pues el desastre de Renfe y Adif nos lo piden, las víctimas nos lo exigen.

No esperemos un ministro con varita mágica: no existe, y si lo dice no hay que nombrarle. Ha de trabajar muchísimo, crear un equipo solvente, puesto que él solo no será capaz, y ha de creer en el trabajo en equipo, con humildad y espíritu de servicio.

El PSOE, Pedro Sánchez, no puede hablar de salvaguardar derechos en España. Han dilapidado muchos recursos públicos, han omitido el mantenimiento de ferrocarriles y carreteras: no pueden prometer lo que no han hecho en 8 años. Y la gente ya no está para chascarrillos o bromitas sobre Ábalos con unas amigas en un Parador Nacional recóndito.

Un ministro que administre los abundantes recursos de Transportes como si fuera su empresa, mejor aún porque son empresas públicas que sostenemos entre todos.

Un empresario no está automáticamente capacitado para dirigir una Administración ni la empresa privada es perfecta. Son realidades distintas, pero con principios de gestión que deberían ser comunes: planificación, conocimiento técnico, selección del talento, evaluación de riesgos y responsabilidad sobre las decisiones.

No defiendo que se excluya a los políticos ni de convertir a los empresarios en una nueva clase dirigente tras unas urnas como las del 29N. Lo que defiendo es que los responsables públicos tengan una preparación acorde con las decisiones y el presupuesto que manejan. 

¡Y rodearse de profesionales que sepan más que uno mismo, al menos en el área que se les asigna, no de personas elegidas por una sensibilidad política o por parentesco con un líder político! Esto requiere ser un gran directivo, que incluye la humildad y el afán de servir, que no es fácil.

La Administración ha de aprender de los que han sabido construir proyectos complejos – y me atrevo a decir que con propietarios distintos y en varios países y continentes, para ponerlo más difícil -, de los que tienen experiencia. 

Además, quienes deciden sobre los recursos públicos deben rendir cuentas: y a eso está permanentemente obligado un empresario en una empresa privada, sin excusas. Los recursos públicos no son de nadie en concreto, porque son de todos.

Ojalá tenga claro ya Feijóo el nombre del nuevo ministro y ya esté pensando en la sombra.

  • Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
    Escribe, también, en su web personal.