Estar con el Papa

Fui a Madrid el pasado domingo, 7 de junio, para asistir a la Misa celebrada por el Papa León XIV y la procesión del Corpus Christi. La parroquia del Carmen, de Castellón, organizó un autobús, en un “viaje relámpago”, como lo calificó el párroco, D. Ignasi del Villar: salimos a la 1 de la madrugada del domingo y volvimos por la noche, con paradas en Betxí y Nules para recoger y dejar a algunos de los asistentes.

No era un viaje cómodo. Sin embargo, tenía un atractivo especial, puesto que se cubrieron todas las plazas en una semana. Las coordinadoras del viaje, María José y Amalia, cogieron las riendas desde el comienzo, con gran eficacia, creando un grupo de whatsapp que, a la vuelta, es un monumento de gratitud y de impacto.

Alguien comentó que tal vez tenían que haber organizado dos autobuses de ida-vuelta el 7 de junio: siempre es mejor dosificar las iniciativas audaces, y era lo que se dice un viaje para entusiastas e incondicionales. La mayoría gente de mediana edad, también algunos jóvenes y algunos que superan los 70 años. Hay gente para todo, con la convicción de que no es lo mismo asistir físicamente que verlo por la televisión.

Con buen humor y sentido práctico, una de las viajeras afirmó: “Así te evitas buscar alojamiento”. Se lograba asistir a lo principal, la Misa con el Papa, y muchos no podríamos estar con él por razones de trabajo o familiares en otros actos. Y económico.

Viajes, trasbordos en trenes de cercanías –gratuitos y con amables orientaciones del personal-, caminatas para encontrar la zona del grupo, orientaciones de los miles de voluntarios –que incluso nos proporcionaron agua, no milagrosa pero imprescindible-, una Policía Nacional atenta a todo y ejerciendo también de agentes de tráfico.

La llegada fue impactante. Nunca había asistido a ningún acto con 1,2 millones de personas, ni con un Papa ni con nadie. Percibí un clima de alegría, religiosidad renovada, servicio y generosidad. Muchos jóvenes. Civismo ¿tiene relación con rezar?

Este viaje apostólico de León XIV está dejando una huella profunda, sobrenatural y humana. Ha apelado a que la práctica cristiana no sea reliquia de museo, que no se ciña a la esfera privada, que aspire a la santidad, que reviva el ejemplo de los primeros cristianos. Defensa de la vida. Diálogo. Paz. Aplaudido siete minutos en el Congreso.

Para España, para el mundo, no será algo efímero o meramente emocional. Los jóvenes se han fortalecido, la Iglesia lo va a notar: esperanza y Sacramentos se han renovado. Estoy convencido de que se notará una vuelta a las raíces: depende de cada uno.

  • Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
    Escribe, también, en su web personal.