VIRGEN DEL PILAR: CUBRE A ESPAÑA CON TU MANTO

Hoy celebramos la festividad de Nuestra Señora del Pilar, una Virgen cuya historia está íntimamente ligada a la de España y a la que generaciones de españoles han acudido buscando consuelo, esperanza y protección en los momentos más difíciles de nuestra historia.

Según la tradición cristiana, fue la propia Virgen María quien, en el año 40, cuando todavía vivía en Jerusalén, se presentó al apóstol Santiago a orillas del Ebro para darle ánimos en su labor evangelizadora y dejarle una columna como símbolo de la firmeza de la fe.

Desde entonces, el Pilar ha sido mucho más que un lugar de culto. Ha sido un símbolo de esperanza para millones de españoles.

Durante los Sitios de Zaragoza, en 1808 y 1809, cuando las tropas napoleónicas sometieron a la ciudad a terribles bombardeos, los zaragozanos acudían a su Virgen buscando protección. El propio templo sirvió de refugio a una población que resistía desesperadamente al invasor.

Y qué decir de aquel episodio del 3 de agosto de 1936, cuando varias bombas cayeron sobre la Basílica del Pilar sin llegar a explotar. Un hecho histórico al que los creyentes atribuyeron la protección de la Virgen y del que todavía se conservan testimonios materiales en el templo.

También permanece en la tradición religiosa el célebre milagro de Calanda de 1640, cuando Miguel Pellicer afirmó haber recuperado, por intercesión de la Virgen del Pilar, una pierna que le había sido amputada.

La Virgen del Pilar ha acompañado espiritualmente a generaciones de españoles, especialmente cuando la adversidad parecía superar nuestras fuerzas.

Y hoy, Virgen del Pilar, España vuelve a necesitarte.

Porque, aunque no estemos sometidos a los cañones de Napoleón ni a los desastres de otras guerras, tengo la sensación de que pocas veces en nuestra historia reciente hemos estado amenazados por tantos peligros al mismo tiempo.

PROTÉGENOS DE NUESTRA PROPIA DIVISIÓN

Se acercan las elecciones generales del 29 de noviembre y observo con enorme preocupación el ambiente político que estamos viviendo.

Nunca me ha gustado confundir al adversario político con un enemigo. Sin embargo, parece que nuestros políticos están empeñados en conseguir precisamente eso.

La crispación, los insultos, las descalificaciones y la radicalización se han convertido en instrumentos habituales de la lucha política. Y me pregunto: ¿son conscientes de lo que están haciendo con la convivencia entre los españoles?

Me preocupa especialmente la actuación del presidente Pedro Sánchez, al que veo cada vez más parecido a un trilero político, siempre dispuesto a mover las piezas de la mesa para intentar que el resultado le favorezca.

Ahí están las regularizaciones extraordinarias de inmigrantes, cuyos efectos políticos futuros merecen una reflexión. Y ahí tenemos también la polémica de la llamada Ley de Nietos, con miles de nuevas inscripciones electorales sometidas a controversia judicial y una resolución cautelar del Tribunal Supremo cuyo alcance definitivo todavía está por determinar.

No pretendo poner en duda el derecho a la nacionalidad de quienes legalmente les corresponda. Pero sí considero imprescindible que los procedimientos sean rigurosos y que las elecciones estén libres de cualquier sospecha de utilización partidista.

Ya me pareció una decisión extraordinariamente discutible convocar las elecciones de 2023 en pleno verano, con millones de españoles de vacaciones y un récord de casi dos millones y medio de votos por correo. Unas elecciones que ganó el Partido Popular, pero en las que Sánchez consiguió esquivar el descalabro que pronosticaban buena parte de las encuestas y, por los pelos, reunir los apoyos necesarios para seguir gobernando, pactando con partidos radicales y con quienes, a mi juicio, trabajan contra la propia unidad de España.

¿De verdad es posible tener tanta suerte? ¿De verdad se puede negociar todo, absolutamente todo, sin límite alguno?

Con este prestidigitador, por lo visto, todo es posible.

Se nos insiste en que el voto por correo es seguro. Pues bien, quienes conocen algo de seguridad saben que la seguridad absoluta no existe. Siempre pueden existir fallos, vulnerabilidades o posibilidades de manipulación, algunas difíciles de detectar. Y no parece descabellado pensar que un procedimiento en el que intervienen más personas, se transporta y custodia documentación electoral y transcurren varios días hasta el escrutinio, merece unos controles especialmente rigurosos.

¿Significa eso que hubo fraude en 2023? No tengo pruebas para afirmarlo. Pero tampoco voy a aceptar que se nos presente cualquier procedimiento como infalible. Y menos tratándose de un presidente cuya manera de actuar políticamente me inspira tan poca confianza. Una cosa es que no se haya demostrado un fraude y otra muy distinta pretender que no pueda producirse. Precisamente por eso debemos exigir las máximas garantías, transparencia y posibilidades de comprobación.

Virgen del Pilar, protégenos de quienes puedan sentirse tentados de anteponer su permanencia en el poder al interés general. Y protégenos también de nuestra propia intolerancia, para que las diferencias políticas no terminen enfrentando a los españoles.

PROTÉGENOS TAMBIÉN DEL DÍA DESPUÉS DE LAS ELECCIONES

Y hay algo más que me preocupa de estas próximas elecciones. No solamente su desarrollo, sino lo que pueda ocurrir después, sea cual sea el resultado.

Si Sánchez consiguiera reunir nuevamente los apoyos necesarios para gobernar, temo que continuáramos avanzando por un camino que considero extraordinariamente peligroso: la progresiva politización de nuestras instituciones, la pérdida de independencia judicial y, con ella, el debilitamiento de nuestra democracia.

Porque, ¿qué queda de una democracia cuando los poderes que deben controlarse entre sí terminan dependiendo de las mismas mayorías políticas?

El Fiscal General del Estado es propuesto por el Gobierno. El Tribunal Constitucional, cuyos doce magistrados son designados mediante procedimientos en los que intervienen decisivamente las mayorías políticas, termina resolviendo cuestiones trascendentales para el propio poder que ha participado en su composición.

Y ahí tenemos el ejemplo de la amnistía de Puigdemont y los responsables del procés, una ley surgida de los acuerdos políticos que permitieron la investidura de Sánchez, cuya constitucionalidad fue avalada por el Tribunal Constitucional, pese a la oposición de varios de sus magistrados. Y, por si fuera poco, acaba de imponerse también su aplicación al delito de malversación, frente al criterio mantenido por el Tribunal Supremo.

¿No resulta preocupante que asuntos de semejante trascendencia terminen resolviéndose mediante votaciones que reproducen las divisiones ideológicas de quienes nombraron a sus magistrados? ¿Acabará siendo constitucional todo aquello que las mayorías políticas quieran que lo sea? Porque una cosa es interpretar la Constitución y otra muy distinta que parezca que la Constitución termina adaptándose a las necesidades del poder. 

Y no menos preocupante es lo ocurrido con el Consejo General del Poder Judicial, el órgano que gobierna a los jueces y magistrados. En 1980, doce de sus veinte vocales eran elegidos directamente por los propios jueces. Pero en 1985 se cambió la ley para que todos fueran elegidos por las Cortes Generales. Desde entonces, PSOE y PP han terminado repartiéndose buena parte de su influencia mediante pactos políticos.

Es decir, hemos permitido que los partidos tengan un protagonismo decisivo en la elección del órgano encargado de garantizar la independencia de quienes, llegado el caso, deben juzgarlos.

Y me pregunto: ¿hasta dónde podemos seguir por ese camino? ¿Terminaremos algún día pareciéndonos a Venezuela, donde la concentración de poder y el debilitamiento de los contrapesos institucionales fueron erosionando la democracia?

Sin separación de poderes no hay democracia.

Pero tampoco me tranquiliza completamente el escenario contrario.

Si las urnas propiciaran un cambio de Gobierno, temo que la crispación política se trasladara todavía con mayor intensidad a las calles. Una parte de la izquierda y del independentismo ha demostrado en otras ocasiones su capacidad de movilización y confrontación política.

Por supuesto que manifestarse es un derecho fundamental. Pero una cosa es manifestarse pacíficamente y otra convertir las calles en un escenario permanente de enfrentamiento, intentando conseguir mediante la presión lo que no se haya conseguido en las urnas.

Y, en cualquiera de los dos escenarios, ¿quiénes terminaríamos pagando las consecuencias? Como siempre, los españoles.

Virgen del Pilar, protégenos de quienes puedan confundir el poder con la propiedad de España. Haz que quienes ganen sepan gobernar respetando las leyes, las instituciones y a quienes no los han votado; y que quienes pierdan sepan aceptar la voluntad de los españoles.

Porque una democracia en la que unos no aceptan perder y otros pretenden gobernar sin límites acaba siendo una democracia en peligro.

PROTÉGENOS DEL ABANDONO ANTE LAS CATÁSTROFES

Todavía tengo grabadas en la memoria las imágenes de las inundaciones de Valencia del 29 de octubre de 2024. Aquellas personas atrapadas en sus casas, aquellos pueblos devastados, aquellos familiares buscando desesperadamente a sus seres queridos...

Y un Estado que, en mi opinión, abandonó a los valencianos a su suerte.

Porque aquella tragedia no fue solamente consecuencia de unas lluvias extraordinarias. Como expliqué en un artículo anterior, hubo obras hidráulicas de protección que nunca se ejecutaron, cauces insuficientemente mantenidos, alertas que llegaron tarde y una gestión de la emergencia que dejó mucho que desear. Todo ello agravado, a mi juicio, por unas políticas de falso ecologismo que parecen preocuparse más por devolver los ríos a su estado natural que por proteger a las poblaciones de sus avenidas.

Pero lo más grave fue la decisión de no declarar la emergencia de interés nacional, contemplada en la Ley 17/2015, que habría permitido al Estado asumir directamente la dirección y coordinación de todos los medios disponibles, civiles y militares. En lugar de ello, se dejó que la Generalitat Valenciana intentara gestionar una catástrofe que desbordaba ampliamente sus capacidades.

¿Dónde estaba el poderoso Estado español mientras nuestros compatriotas se ahogaban?

Algo parecido hemos vivido con los grandes incendios forestales. Montes abandonados, acumulaciones enormes de combustible vegetal, desaparición del pastoreo y de las actividades rurales tradicionales, trabas a la gestión forestal y una prevención claramente insuficiente. Y cuando llega el incendio, volvemos a escuchar las mismas discusiones sobre competencias mientras el fuego arrasa pueblos, explotaciones y miles de hectáreas.

Y, para justificarlo todo, siempre aparece el cambio climático. Como si reconocer sus efectos nos eximiera de limpiar los montes, mantener los cauces, construir infraestructuras de protección o asumir nuestras responsabilidades.

¿Qué importa de quién es la competencia cuando una persona está muriendo o perdiendo todo cuanto tiene?

Virgen del Pilar, protégenos de las catástrofes naturales, pero, sobre todo, de las decisiones políticas que pueden convertirlas en tragedias todavía mayores. Que nunca más se antepongan las ideologías, las competencias o los intereses partidistas a la vida de un español.

PROTÉGE NUESTRAS FRONTERAS Y TERRITORIOS

Lo ocurrido este verano en Ceuta debería habernos hecho reflexionar muy seriamente sobre nuestra seguridad nacional.

Porque, no hay datos objetivos de que exista en Marruecos ninguna crisis humanitaria. Cuando decenas de miles de personas atraviesan masiva e irregularmente la frontera de una pequeña ciudad española, desbordando sus servicios y poniendo en jaque su seguridad, estamos ante lo que considero una auténtica invasión de nuestras fronteras, aunque entre esas personas también haya quienes buscan legítimamente una vida mejor.

Y, una vez más, hemos contemplado el abandono de nuestros compatriotas por parte del Gobierno de España. Mientras los ceutíes vivían momentos de angustia y desesperación, Sánchez nos recordaba que él también tenía derecho a vacaciones. ¡Faltaría más! Lo que olvidó explicarnos es si los ceutíes también tenían derecho a que su presidente interrumpiera las suyas para acudir en su ayuda.

Pero hay algo que me inquieta todavía más: ¿por qué tanta cautela con Marruecos? ¿Tiene algo que ver con el espionaje mediante el sistema Pegasus a los teléfonos del presidente y varios ministros? ¿No deberíamos exigir que se esclareciera definitivamente un asunto de semejante gravedad?

Y nos encontramos, además, con que somos prisioneros de nuestras propias leyes. Unas leyes que dificultan enormemente la devolución rápida de quienes han entrado irregularmente, máxime cuando esa entrada no tiene nada que ver con personas vulnerables y perseguidas, que necesiten protección.

Y aquí viene lo curioso: tenemos un Gobierno que recurre con extraordinaria facilidad a los decretos-leyes cuando considera urgente cualquier cuestión. Pero, ante lo sucedido en Ceuta, seguimos, y seguiremos, porque no hay voluntad de solución, sin un cambio legislativo de fondo que permita responder eficazmente a situaciones semejantes.

¿Para unas cosas hay tanta urgencia y para defender nuestras fronteras no?

Quiero dejar clara una cuestión: comprendo perfectamente a quienes emigran buscando trabajo, seguridad y una vida mejor. Pero una cosa es la inmigración legal, ordenada y respetuosa con nuestras leyes y otra muy distinta permitir que nuestras fronteras sean desbordadas sin capacidad suficiente para controlar quién entra.

Y todo ello frente a un Gobierno marroquí que no oculta sus pretensiones territoriales sobre nuestras españolísimas Ceuta y Melilla. Ahí están las recientes declaraciones de su ministro de Justicia reivindicando ambas ciudades como un supuesto derecho histórico de Marruecos.

¿Acaso hemos olvidado Ifni, que entregamos en 1969, o nuestra retirada del Sáhara Occidental en 1975? ¿Cuántas lecciones necesitamos para comprender que la soberanía nacional no puede darse nunca por garantizada?

Virgen del Pilar, protege a nuestros compatriotas de Ceuta y Melilla, a los canarios y a todos los españoles que viven en nuestros territorios más expuestos. Protégenos de las ambiciones territoriales ajenas, pero también de la debilidad y los errores de nuestros propios gobernantes. Que ningún español vuelva a sentirse abandonado por su país.

PROTÉGENOS DE LOS INTERESES DE LAS GRANDES POTENCIAS

No todas las amenazas proceden del interior de nuestras fronteras.

España es un país que, a lo largo de su historia, ha sufrido las consecuencias de los intereses de otras potencias.

Estados Unidos es hoy un aliado, pero nuestra memoria histórica no puede olvidar 1898, cuando tramposamente (hundimiento del Maine) y con la colaboración de políticos traidores como en la actualidad, EEUU nos declaró una guerra que terminó con la pérdida de nuestros últimos grandes territorios de ultramar: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Tampoco podemos ignorar que, en 2020, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, una decisión de enorme trascendencia para los equilibrios del norte de África.

Por eso me preocupan las actuales tensiones entre Washington y Madrid. No quisiera que las discrepancias entre gobiernos acabasen perjudicando los intereses permanentes de España.

Tampoco me tranquiliza, en absoluto, lo que está ocurriendo con Rusia y Ucrania.

Ya en 2020 escribí tres artículos denunciando lo que consideraba injerencias de la Unión Europea y Estados Unidos en Ucrania, desde la Revolución Naranja de 2004 hasta el Euromaidán de 2014 y la posterior guerra del Donbás. Porque este conflicto no comenzó en 2022 y tiene unos antecedentes históricos, políticos y territoriales que algunos intencionadamente olvidan.

Condeno la invasión rusa de Ucrania, como no podría ser de otra manera, pero eso no significa que tengamos que ignorar nuestras propias responsabilidades ni, mucho menos, actuar con imprudencia ante una potencia nuclear.

Europa ya está suministrando armamento a Ucrania. Jurídicamente eso no significa que estemos en guerra contra Rusia, pero ¿acaso no estamos participando indirectamente en ella? ¿Cómo creen nuestros dirigentes que interpreta Moscú nuestra creciente implicación militar?

Y lo que más me preocupa es el tono belicista de determinados dirigentes europeos, como si estuvieran dispuestos a llegar a un enfrentamiento directo con Rusia. Sinceramente, me cuesta creer que Putin, que tantos problemas está teniendo para alcanzar sus objetivos en Ucrania, tenga interés en desencadenar una guerra abierta contra toda Europa.

Incluso los incidentes con drones en Polonia o aeropuertos europeos me suscitan dudas sobre si no estamos ante ataques de falsa bandera para justificar una mayor implicación en la guerra. Sea como sea, no hay motivos suficientes que justifiquen una escalada militar.

Porque estamos hablando de una potencia nuclear que podría considerar su propia supervivencia amenazada si se viera acorralada. ¿De verdad son conscientes nuestros políticos de las consecuencias que podría tener semejante aventura? ¿Estamos dispuestos a arriesgar la vida de millones de europeos por una guerra que deberíamos esforzarnos en terminar diplomáticamente?

Virgen del Pilar, protégenos de las guerras, de las ambiciones expansionistas y, especialmente, de la imprudencia de quienes, jugando con fuego, pueden terminar provocando una tragedia para toda la humanidad.

PROTÉGENOS DE QUIENES PONEN EN RIESGO NUESTRA SECTOR PRIMARIO Y NUESTRA ALIMENTACIÓN

Y no puedo terminar estas reflexiones olvidándome de algo por lo que llevo años luchando: nuestro sector primario y, con él, nuestra soberanía alimentaria.

Porque nuestra agricultura y ganadería llevan años sufriendo las consecuencias de dos políticas europeas que, en mi opinión, están destruyendo progresivamente nuestra capacidad de producir alimentos.

Por un lado, los acuerdos internacionales de libre comercio que firma la Comisión Europea, permitiendo la entrada de productos de países con salarios, costes laborales y exigencias productivas muy diferentes a los nuestros. Una competencia profundamente desleal y que está arruinando a miles de productores europeos.

Y, por otro, las políticas derivadas del Pacto Verde Europeo, que imponen cada vez más restricciones, costes y dificultades a nuestros agricultores y ganaderos. Y aquí viene la gran contradicción: mientras dificultamos producir alimentos en Europa, facilitamos su importación desde países que no están sometidos a las mismas exigencias. ¿Alguien puede explicarme qué sentido tiene semejante política?

Pero no quiero limitarme a denunciar. Porque creo que conocemos la solución y llevamos años reclamándola: recuperar la Preferencia Comunitaria, aquel principio sobre el que se construyó la Política Agrícola Común y que daba prioridad a nuestras propias producciones en el mercado europeo.

Precisamente por ello, desde ALIVE, hemos presentado una petición al Parlamento Europeo para que ese principio quede jurídicamente protegido y no pueda seguir siendo relegado mediante acuerdos comerciales.

LO NUESTRO PRIMERO. No significa renunciar al comercio internacional, sino garantizar que nuestros productores tengan prioridad en su propio mercado y que las importaciones no destruyan nuestra capacidad productiva.

Porque conviene no confundir los fines con los medios. La soberanía alimentaria es el objetivo; la Preferencia Comunitaria es la herramienta fundamental para conseguirla. Y también para recuperar los objetivos originales de la PAC: una renta digna para los productores, estabilidad de los mercados, seguridad en el abastecimiento y alimentos a precios razonables para los consumidores.

Virgen del Pilar, protege a nuestros agricultores, ganaderos y pescadores, pero también a todos los españoles consumidores, al fin y al cabo que necesitan garantizar su alimentación diariamente. Ilumina a nuestros gobernantes para que comprendan que un país que pierde su capacidad de producir sus propios alimentos pone en riesgo la alimentación de sus ciudadanos

Porque sin sector primario no hay soberanía alimentaria, y sin soberanía alimentaria nuestra propia libertad queda comprometida.

VIRGEN DEL PILAR, NO NOS ABANDONES

Podría continuar enumerando peligros, pero creo que los expuestos son suficientes para comprender mi preocupación por el futuro de España.

Quizá algunos consideren exagerados mis temores. Ojalá tengan razón. Nada me alegraría más que comprobar que estaba equivocado.

Pero hoy, día de tu festividad, Virgen del Pilar, quiero dirigirme a ti con la misma fe con la que tantos españoles lo hicieron en el pasado.

No te pido que protejas a un partido político, a una ideología o a una determinada manera de pensar.

Te pido que protejas a España y a todos los españoles.

A los que creen en ti y a los que no creen. A los que piensan como yo y a los que piensan de manera completamente diferente.

Protégenos de nuestros enemigos, pero también de nuestros errores.

Danos gobernantes honestos, prudentes y valientes. Que sepan defender nuestra independencia, nuestra seguridad y nuestra convivencia. Que comprendan que el poder no les pertenece y que su primera obligación es servir a los ciudadanos.

Y danos también a los españoles la inteligencia, la fortaleza y el valor necesarios para defender aquello que hemos recibido de nuestros mayores y que tenemos la obligación de transmitir a nuestros hijos.

Virgen del Pilar, cubre a España con tu manto.

Que tu Pilar siga siendo el símbolo de una España firme, libre, unida y capaz de superar las adversidades.

Y que nunca perdamos la fe ni la voluntad de defenderla.

 

¡VIVA LA VIRGEN DEL PILAR!

¡VIVA LA HISPANIDAD!

¡VIVA ESPAÑA!

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Imagen:ChatGPT

  • Víctor Pascual Viciedo Colonques es Presidente de la Associació de Llauradors Independents Valencians (ALIV)