Coches empotrados

Llevamos unos días en Castellón y provincia con diversos accidentes de coche que nos han impresionado, vehículos que se han empotrado literalmente, contra varios coches aparcados, contra el monumento de una rotonda, o contra una farola. En varios casos, en una rotonda, en la que el conductor ha perdido el control, y en varios casos con un común denominador: elevada tasa de alcoholemia o haber consumido drogas. La reacción general es la lógica: hay que estar casi más pendiente de los que circulan a nuestro alrededor que de nuestro propia conducción, y eso es una fuente de tensión e inseguridad que en absoluto es de recibo. Por la insensatez e imprudencia de unos pocos, que pueden ser calificados como delincuentes sin ningún tipo de juicio temerario, que no se miden en su diversión, los demás tenemos que ir conduciendo tensos, e incluso apartarnos de algún vehículo que va haciendo algunas “eses”, o simplemente tomando las rotondas temerariamente, o maniobras raras.

Todo esto sucede –parece que en mayor medida estos pasados días, no he analizado estadísticas todavía– cuando se relajan las restricciones por la pandemia, cuando casi estamos en verano, cuando todos tenemos un lógico deseo de viajar y descansar, y por ello nos enfurece comprobar las causas de estos empotramientos. Los legítimos deseos de descansar no son incompatibles con la sensatez, o precisamente porque todos deseamos ese descanso hemos de tener más cuidado en que un trayecto no acabe en tragedia. El del vehículo que se saltó en Castellón varios semáforos en rojo en Avenida Doctor Clará y Avenida Navarra, para acabar estrellándose contra varios coches estacionados en la Plaza Real, reúne todos los elementos de la irresponsabilidad.

Las fiestas y el consumo irresponsable están detrás de muchos de esos accidentes. Las carreras de coches o motos en polígonos industriales son ilegales, pero al menos arriesgan locamente los que quieren arriesgar o demostrarse a sí mismos una peculiar valentía. Pero circular triplicando la tasa de alcoholemia o tras haber consumido drogas es muy intolerable, y el sentir general es que hay que atajarlo con sanciones más duras y más controles de la Guardia Civil o de la Policía. Sanciones que asusten de verdad a posibles delincuentes: más años de retirada del carnet, una multa mayor, una prisión mayor si es el caso. A los insensatos sólo las sanciones fuertes les frenan. Y aunque nos molesten, más controles en lugares de ocio nocturno, a ciertas horas: podría atajarse la conducción imprudente y hasta el consumo de drogas en lugares conocidos y sin vigilar.