LA GUERRA INTERMINABLE

Jorge Fuentes el Sáb, 21/05/2022 - 10:12

Cuando el 24 de febrero Rusia inició una invasión en toda la regla de Ucrania, el mundo entero y en especial los países europeos se conmocionaron. El asalto se hizo desde el Este continuando un conflicto en el Donbass que había comenzado ocho años antes; desde el Norte por medio del despliegue de cincuenta kilómetros de carros de combate y tropas que Moscú había emplazado en Bielorrusia; y también desde los mares Negro y Azof en el Sur.

Las mujeres, los ancianos y los niños huyeron despavoridos en cifras que pronto rebasarían los cinco millones más de la mitad de los cuales se refugiaron en Polonia, donde desde el ingreso del país en la Unión Europea y la invasión de Crimea ya había cerca de tres millones de refugiados ucranianos.

Debido a la gran desigualdad de fuerzas -el ejército ruso es entre diez y quince veces superior al ucraniano- se pensó que la guerra sería corta. Así lo creyó el mundo y también lo pensó Rusia y Putin calculando que habría una repetición de lo ocurrido en Georgia, en Moldavia o en Crimea. Calculando incluso que Kiev caería pronto, Zelenski buscaría refugio en uno de los muchos países que se lo habían ofrecido y Moscú sería capaz de implantar un gobierno títere que le remitiría campar a sus anchas por todo el país.

Han pasado cerca de tres meses, la guerra continua y no lleva apariencias de acabar. Hay que recordar que Rusia mantuvo un conflicto con Afganistán durante 20 años y que cada día de la guerra de Ucrania cuesta a Moscú 1000 millones de dólares, aunque los beneficios por la exportación de gas y petróleo sigue aportando a las arcas rusas diez veces esa cifra.

Por el momento es difícil evaluar el resultado de la contienda. También son dudosas las cifras de víctimas. Sin duda, los muertos civiles -se habla de unos 4.000- son todos ucranianos y en su mayoría víctimas de crímenes de guerra que algún día los líderes rusos deberán pagar. Las víctimas militares parecen estar equilibradas y suman alrededor de 35.000 soldados caídos en cada bando, unas víctimas que en Ucrania son honradas como héroes y que en Rusia están siendo escamoteadas con frecuencia, vergonzantemente.

No se puede juzgar tampoco quien está resultando vencedor y quien vencido. Rusia está provocando destrucción en el vecino país algo que éste nunca podrá olvidar; está avanzando por el pasillo que le llevaría por tierra hasta Crimea, arrasando Mariupol y otras localidades costeras del Azof. Si se apoderaran de Odessa y llegaran hasta la Transnistria moldava privando a Ucrania de la salida al mar, el golpe para este país sería letal.

Por el momento y para dejar Rusia bien claro que la guerra no se limita al Donbass Moscú no pierde ocasión de bombardear centros militares en Leopolis a 70 escasos kilómetros de la frontera polaca. E igualmente atacan la periferia de Kiev, para que los objetivos más ambiciosos del conflicto no se den por olvidados.

No se ve el final de la guerra aunque cada día Rusia la tiene más perdida ante la Historia y ante los Tribunales internacionales. Cada día Putin desciende un nuevo escalón en su descrédito mundial. La presencia rusa es cuestionada en competiciones deportivas, musicales y de todo género a la par que Ucrania triunfa en ellos.

La guerra puede durar aún tiempo. Pasó el 9 de Mayo, fecha importante para Moscú, que hubiera podido marcar un final aunque no fue así. Y cada día a Putin le salen peor las cuentas. Si en el origen del conflicto estaba el empeño por evitar la integración de Ucrania en la OTAN, dos países históricamente neutrales -Finlandia, con 1600 kms de frontera con Rusia, y Suecia- están ya con un pie en la Alianza. Y no es impensable que algún día Kiev se sume a la cada vez más larga lista de aliados que desconfían de la política agresiva e imprevisible del monstruoso gigante ruso.

Jorge Fuentes Monzonís-Vilallonga es Master en Ciencias Políticas y Económicas y Derecho. Diploma de Altos Estudios Internacionales. Embajador de España en Bulgaria en 1993. Primer Embajador de España en Macedonia en 1995. Embajador de España en Bruselas WEU en 1997, entre otros cargos.

 

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