Sanidad somos todos

Ha sucedido en Castellón este mes de enero: un médico de familia o también llamado médico de cabecera tenía 32 pacientes que habían solicitado visita, y de ellos sólo acudieron a la visita 23, casi un tercio no acudieron. Si fuera algo excepcional, todos los entenderíamos, pero es que bastantes médicos –y no es el resultado de un estudio exhaustivo– comentan que es frecuente que no acudan a la visita bastantes que han pedido cita. Sinceramente, me parece un abuso ciudadano y una falta de civismo, pues se puede anular por teléfono o por internet, y así se permite que otros puedan acudir, sin que se dé cita a cuatro o seis días vista, que sucede. Puede suceder que alguna persona se olvide de que tiene cita, pero no se justifica así este extendido fenómeno. Como es gratis, tal vez se valora menos y de ahí el abuso que se produce. Alguien sugería que, como ahora es tan fácil llevar un registro informático de consultas, si se sancionara con una multa a quien no acudiera tres veces a consulta concertada, todo esto cambiaría. Hay personas que nunca han faltado a una cita con el médico: para mí, eso es civismo y responsabilidad, no es rigidez.

Todos coincidimos en que la Sanidad en España tiene mucho margen de mejora, y rápidamente nos vienen a la cabeza las listas de espera excesivas para ser intervenido quirúrgicamente, la sobrecarga que soportan con frecuencia médicos y personal sanitario en períodos vacacionales o por bajas entre los propios médicos que no son cubiertas. Hemos ido viendo la incidencia cotidiana de los recortes en Sanidad. Todo ello es cierto, pero para ser justos es conveniente analizar los diversos ángulos de la Sanidad, y reconocer la profesionalidad de médicos y personal sanitario, y ver en qué medida todos podemos contribuir a mejorar la atención sanitaria.

Suelo defender con frecuencia la calidad de la Sanidad pública que tenemos. Todos tenemos referencias de familiares o amigos que acuden a la pública, y relatan experiencias muy positivas. En el polo opuesto, hay personas que, ante casi cualquier problema de salud, acuden a la sanidad privada, pero esta opción no es viable económicamente para muchos. Si no hubiera un prejuicio sectario de la Generalitat, se fomentaría una sanidad mixta público-privada, pues a veces es más eficaz, rápida y económica, pero para algunos la Sanidad pública no debe pedir “auxilio” a la privada.

La Sanidad necesita más inversión económica, menos sectarismo para admitir la cooperación pública-privada, y un uso más responsable de los ciudadanos.