Qué y quién en Ximo Puig

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, tiene que hacer malabarismos continuamente, y desde luego su trayectoria política desde 1983 demuestra que sabe superar campos de minas, sobrevivir políticamente, en medio de situaciones complejas. Para algunos la supervivencia política es una habilidad y un mérito, probablemente para muchos políticos lo querrían para sí, pero para otros la supervivencia no es en sí misma una cualidad positiva, porque los principios ideológicos que llevan a la política pueden hacer aconsejable la retirada ética o, simplemente, asumir que hay ciclos políticos que aconsejan la renovación.

Ximo Puig fue jefe de gabinete con Joan Lerma, ha sido diputado provincial, alcalde de Morella, diputado en el Congreso de los Diputados, y ahora preside un gobierno tripartito en la Comunidad Valenciana, que él calificó recientemente como “plural pero coherente”, y lo hizo en el encuentro navideño con los periodistas de Castellón el pasado 29 de diciembre.

Que es plural –o “coral”, como algunos califican a este tipo de gobiernos variopintos, de más que dudosa coherencia– está claro, pero lo de la coherencia dista de la realidad. Pero Puig deja hacer, asume el reparto de papeles con Compromís y Podemos, y así sigue al frente del Consell, con no pocos desajustes y prebendas.

¡Peligro!

Cuando el zorro predica, no están seguros los pollos”
(Miguel de CERVANTES)

En estas últimas reflexiones que contemplaba los principios y realidades en que se desenvolvía nuestra actual sociedad, señalaba escuetamente el problema que se nos avecinaba con los consabidos movimientos populistas, radicales y antisistema, que intentan de nuevo resurgir al acercarse el año electoral, con elecciones municipales, autonómicas y generales. Decía que la intención de estos grupos era cargarse el sistema bipartidista actual al amparo que los más afectados y descontentos por la crisis, oigan las promesas que desean oír, para así con sus votos llegar al poder e implantar el suyo (marxismo, comunismo, nacionalismo radical o últimamente el populismo) todos de la misma familia. Sistemas fracasados en multitud de naciones que los sufrieron en el pasado y en el presente, soportando millones de muertos, millones de pobres, y pérdida total de derechos y libertades. Decía que se vieran en la actualidad los últimos rescoldos en Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Irán, Francia (populismo de extrema derecha) o España y Grecia (populismo de extrema izquierda).

Un SEPE (INEM) que indigna y avergüenza

Día de ilusiones el de hoy, con ciudades y pueblos recibiendo a los Reyes Magos. Hay sueños y peticiones de niños, y también de mayores.

Cada uno tendrá su petición o sus peticiones, según su situación y la de su familia. Pero probablemente el anhelo mayoritario es que haya más empleo y de mejor calidad, para así dignificar la vida integral de los trabajadores y de sus familias, por las que sufre mucho más que por las privaciones o dificultades personales: se sufre más viendo sufrir a los que uno quiere que sufriendo uno mismo dificultades y penurias.

Desde luego, lo económico no es lo prioritario en la vida de la mayoría, pero el hecho de tener trabajo y de tenerlo con un mínimo de calidad permite trazar planes, proyectos vitales.

Cerramos 2016 con el mayor descenso histórico del paro y con el mayor número de altas en la Seguridad Social de nuestra historia. Buen dato, pero no para tocar las castañuelas, pues los millones de parados pesan a todos. “La mayor empresa de España”, me decía uno que ha pasado a engrosar la lista de parados.

La carrera

¡Vaja, també era mala sort! L’havien tornat a emparellar en aquell negre traïdor que des de fea algun temps era son pijor enemic. Li agradaria saber a qui corresponia decidir l’orde de colocació dels corredors.

El cas era, que quan el llarguerut empleat de cabell roig li sivellà el dorsal, alguna cosa li dia en l’interior que aquella vesprada la carrera no resultaria gens fàcil.

En tant els colocaven els boços mirà furtivament al seu rival. Este pareixia indiferent a quant succeïa al voltant, pero ell sabia que no era cert. Una mirada dirigida a ses cuixes i coa fon prou per averiguar que l’atre estava en completa tensió. ¡Mal es presentava hui la carrera!

Ara arribava el veterinari que els examinaria com sempre u a u. ¡Per cert que l’examen no podia ser ni més rutinari ni més inútil! Un manosseig pel pit i les cuixes i un poc d’atenció a la revisió entre els dits. Per a tal examen, encara que es quedara en sa casa no anava a passar res…

Segona premonició. L’empleat roig era qui obria el desfile dels portadors cap a la pista, portant les dos correges en la mateixa ma. En tant pujaven per la rampa provinent de les gosseres llançà una mirada ràpida als atres quatre contendents. Res especial li cridà l’atenció i en un alardo de gosadia es detingué i espentà de costat al rival, mentres obrien la porteta que donava pas al recint. El negre també es detingué sense immutar-se per la provocació, lo qual no era normal en ell, ¿qué estaria tramant?

Llengua i Literatura dels Valencians

Llegir les distintes tendencies i contrastar els diversos arguments, es practica imprescindible per a qui vullga arribar a la veritat objectiva en qualsevol conflicte. Este es el motiu pel que lligc alguns llibres que per la falta de rigor, les falsetats que duen i lo debil dels arguments que aporten me produïxen pena, pero sobre tot indignacio, especialment quan estos, estan subvencionats inclus alguns patrocinats en els diners de tots els valencians.

La crisis religiosa del pueblo

Según los datos estadísticos, la práctica religiosa ha descendido en los países de occidente de tal forma que, por su extensión y profundidad, tiene toda la importancia de un hecho sociológico. En países de larga tradición católica, como es España, este hecho se hace notar con especial relieve. Todo el mundo se da cuenta de que hoy la mayor parte de la gente, no sólo «pasa» de las cosas de la Iglesia, sino que parece vivir al margen de sentimientos y necesidades religiosas. Y es esto último, justamente, el más claro indicio de que nuestro pueblo padece una profunda crisis religiosa. La crisis es general, porque se extiende a todas las clases sociales. Ya no es sólo el mundo de los intelectuales y del proletariado; la descristianización también va ganando terreno en aquellas clases sociales que siempre habían sido la reserva permanente de los valores religiosos. La clase alta hace tiempo que dejó las apariencias de ejemplaridad, las clases medias van cediendo a una progresiva secularización y la gente del medio rural, tan arraigada siempre a las tradiciones religiosas, también se va descristianizando a medida que se incorpora a las ideas y costumbres de la cultura urbana.

Sentido común en Navidad

Estos días pasados, con el epicentro en la celebración de Nochebuena y Navidad, además del festivo este año de San Esteban, ofrecen multitud de comentarios en las reuniones familiares o con amigos, además de observaciones de interés.

El sentido cristiano de estas fiestas se ha ido perdiendo, pero tal vez por eso mismo se observa –y se comenta– un renacido interés de algunos para que haya belenes en casas y despachos, como reacción a un planteamiento de meras vacaciones, copiosas comidas y cenas. Lugares donde otros años no se ponían belenes han visto este año cómo se recupera esta tradición. No sé si es mera apreciación personal o es algo generalizado, pero es una muestra de preservar el sentido de estas fiestas, que a mí me parece positivo.

Si se hubieran celebrado elecciones el 18-D

En unos momentos de incertidumbre y cambios políticos en Europa, nos queda la curiosidad de qué resultados electorales se hubieran producido de haberse celebrado las elecciones generales el pasado domingo, el 18-D. Al margen de que la mayoría hemos recibido como buena noticia que no hubiera una tercera convocatoria en un año.

Se han publicado encuestas de qué hubieran arrojado las urnas el 18-D, y parece lógico: el PP subiría en diputados, Podemos pasaría al PSOE y Ciudadanos se mantendría. Pero ya digo que “parece”, pues las urnas podrían habernos deparado sorpresas.

Soy de los que no he acertado en el referéndum del Brexit –pensaba que no triunfaría– ni en las elecciones norteamericanas, en las que estaba convencido de que ganaría Clinton y no Trump. Se ve que no valoraba el clima de cambio que había en Gran Bretaña y en Estados Unidos, aunque me consuela que soy de la mayoría.

Ser o Estar

…”Aquí la necesidad no es infamia; y si es honrado, pobre y desnudo un soldado tiene mayor calidad que el más galán y lucido; porque aquí a lo que sospecho no adorna el vestido al pecho que el pecho adorna al vestido… (Calderón de la Barca)

Efectivamente, no es lo mismo “ser” soldado que “estar” de centinela o dicho de otro modo, “el hábito no hace al monje”. El soldado tiene que ser un ejemplo, el centinela puede ser negligente o no serlo. El soldado debe tener unos principios y unos valores fundamentales y el centinela puede no tenerlos, como “el honor y la bizarría, la disciplina y la obediencia, la constancia o la paciencia , el buen trato o la verdad”…ya que el soldado es el brazo armado de la Patria y representa esos valores a defender; es una profesión la suya de fuerte vocación, que imprime carácter duradero, permanente y debe ser una referencia a sus ciudadanos de espíritu de servicio, moderación y amistad; de no ser así, si se busca solo “el adorno del vestido al pecho y no el pecho que adorna al vestido”, o “si se busca una buena renta” o poder, en ambos casos debe alejarse del servicio y elegir otra profesión.

La espontaneidad contra la norma

Al analizar una crisis, lo más importante es determinar la actitud de fondo que la produce. Actitud, preciso es decirlo, que suele estar oculta y subconsciente, y que hay que ponerla a la luz si queremos comprender el sentido global de sus múltiples manifestaciones. Y este es el tema que ahora nos ocupa. La honda crisis que el catolicismo viene padeciendo desde hace algunos lustros ha sido analizada desde muchos ángulos, pero no se ha llegado a desvelar, creemos, la actitud que está en su base. Es ya un tópico decir que se trata de un cambio de mentalidad para adecuar a la Iglesia a una nueva situación histórica; la crisis, en este supuesto, sería la convulsión inevitable de todo reajuste. Esta tesis, aparte de encerrar un juicio positivo sobre la crisis —y seguramente por ello—, parece ignorar lo más importante; a saber, que la crisis está producida por una tendencia incontrolada hacia la liberación, por un talante vital que poco tiene que ver con la mentalidad renovadora. Porque no se trata de adecuar formas o métodos, sino de «liberar» al espíritu del mundo de las imposiciones, como lo prueba el hecho de la contestación sistemática a toda doctrina o institución que condicione la vida del creyente.

Hablar en público, asignatura pendiente

Ahora que está reciente el informe PISA sobre la calidad de la educación y la mejora en algunos aspectos de los estudiantes españoles, sigo echando en falta una mayor preparación sobre cómo hablar en público, ya desde la adolescencia, por poner una referencia.

Siempre he agradecido que en el centro escolar donde yo estudiaba el profesor de Lengua daba importancia a expresarse en público, no sólo a leer y escribir con corrección, que ya es algo muy importante. Y como parte de la asignatura exponíamos cada uno diversos temas, y luego se hacían observaciones por parte del resto de los alumnos y del profesor.

Seguro que yo puedo mejorar mucho en cómo expresarme en público, pero las lecciones de aquella época de mi vida me han ayudado mucho: valorar algo y dedicarle un tiempo ya es una inversión rentable para toda la vida. Y cuando se comprueba su eficacia, se cuida mejor.

Tengo un amigo periodista que imparte cursos desde hace años sobre cómo hablar en público. Recientemente impartió una sesión con el título: “Por qué tenemos miedo a hablar en público? Aprendamos a superarlo”. Viene haciéndolo desde hace años, con éxito, pero no debe ceñirse a una afición o habilidad periodística o docente, sino una parte de la formación a partir de cierta edad que luego tiene mucha utilidad en la vida profesional. ¡Hasta en las oposiciones!

La fidelidad de Javier Echevarría

Nada hacía presagiar el fallecimiento, el pasado lunes por la noche, del Obispo Prelado del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría. Inmediatamente lo comuniqué al Obispo de la diócesis, D. Casimiro, pues el Opus Dei es una institución de la Iglesia que desarrolla su tarea siempre en comunión con el Obispo diocesano, y compartimos las alegrías y las penas.

El Opus Dei es de ámbito universal, y cuenta con 91.892 miembros en estos momentos, como publica el Anuario Pontificio, de los que 2.094 son sacerdotes. El 55% son mujeres. En la provincia de Castellón 250 miembros y 4 Centros del Opus Dei, bien conocidos, dos de ellos dedicados a jóvenes. Además, hay miles de cooperadores –un no cristiano puede serlo-, familiares, amigos y conocidos en la provincia, que acuden a medios de formación espirituales –es la finalidad del Opus Dei-, rezan o colaboran en iniciativas apostólicas con personas del Opus Dei, en tantas tareas que tienen su eje en las obras de misericordia, subrayadas recientemente por el Papa Francisco en el Año de la Misericordia. Buscan en esta institución formación para ser católicos coherentes, en la vida corriente, activos y con la humildad de no sentirse mejores sino en necesidad de convivir y aprender de los demás, con todos y de todos.

Defensa de la Constitución

El ocho de julio del año 1808, don José Napoleón, “por la gracia de Dios, Rey de las Españas y de las Indias”, nos regalaba nuestro primer texto constitucional. Era una carta otorgada y por eso digo que nos regalaba, porque los españoles no contamos para nada en su elaboración. Nuestro primer texto constitucional. Han pasado 205 años, y desde entonces diez textos legislativos de rango superior han tratado de regular nuestra convivencia política con mayor o menor fortuna, sin contar el proyecto de constitución federal de la I República del 17 de julio de 1873 (por cierto, ¿sabían los nacionalistas de todo pelaje que el preámbulo de esa constitución federal reconocía sin ningún tipo de complejos a la nación española?).

Entre los diez textos, tan solo dos se aprobaron con el consenso mayoritario: la constitución de Cánovas, respaldada por Sagasta, del 30 de junio de 1876 y la constitución del 6 de diciembre de 1978. Y precisamente, los dos han sido los más duraderos: 47 años la de Cánovas y 38 la actual. El resto de constituciones siempre se dejaban en la cuneta a la otra mitad de los españoles.