Guerra contra la concertada

Vicent Marzà, conseller de Educación, declaró la guerra a la enseñanza concertada nada más tomar posesión de su cargo. Lo hizo con la desafortunada declaración de que “se ha acabado la barra libre para la concertada”. O llegó al cargo con ese fin prioritario y sectario, o seleccionaron a Marzà en Compromís para llevar a cabo esa tarea, que en el fondo es lo mismo. Con la cantidad de retos y mejoras que existen en la enseñanza, es asombroso que centre sus energías en ir contra un importante y democrático sector educativo, que existe porque así lo quieren los ciudadanos, pues de lo contrario no tendría el peso que tiene en la sociedad.

La prioridad de un conseller de Educación es mejorar la educación, no imponer una enseñanza única, un pensamiento único. Partido único, prensa única, enseñanza única nos hacen recordar, por desgracia, autoritarismos que deberían pertenecer al pasado, pero se ve que el maestro Marzà tiene una idea muy distinta a la que expongo sobre la libertad, la democracia y la enseñanza. Y si Marzà dice lo que dice, y actúa como actúa, es porque Compromís y el tripartito comparten y/o consienten lo que está diciendo e intentando llevar a cabo.

Sobre la vida

No lo recuerdo pero me lo contaron, cuando llegue a este mundo, lo hice de un modo rebelde, ¡no quería salir de mi zona de confort donde había estado tan a gustito y todo era fácil!, venia de espaldas al mundo. Al final, el medico que asistió a mi madre no pudo por menos que cogerme de un brazo y en un gesto violento hacerme salir con la consiguiente rotura del mismo, salí pero no respiraba, pensaron que había pasado demasiado tiempo, era tarde, pero después de un buen rato y de manera sorprendente, llore y respire profundamente esta vida, la de aqui fuera.

El hecho de vivir entraña riesgo y un reto a la vez, que a veces el ser humano no quiere asumir, como yo ya desde mi primer contacto con el mundo real.

Sobre la Vida se pueden decir muchas cosas, todo depende del punto de vista que tu quieras verla. Desde del punto de vista de la Biología, la Bioquímica, la Filosofía (nunca he dudado que soy un Ser transcendente por antonomasia), la Astrología…he de decir que cualquiera de estos puntos de vista me apasionan por mi vocación científica y al mismo tiempo, es tan rico e importante este vocablo que merece tantas y tantas acepciones.

También es la hora de Ciudadanos

Mucho hemos escrito y hablado de que es la hora del PSOE, apelando a su responsabilidad como partido en la inédita situación parlamentaria española que se ha producido tras el 20-D. Pero Ciudadanos tiene, también, su hora en estos momentos, en que ha de primar la responsabilidad de Estado, por encima de tácticas y personalismos.

Albert Rivera ha declarado que ve al PP con un programa obsoleto, y al PSOE sin programa. Haciendo equilibrios continuamente, Rivera ha de ser consciente de que jugar a ser el fiel de la balanza con todos tiene muchos riesgos, para él y para Ciudadanos.

En el PSOE, al que acusa de no tener programa, es evidente que está primando el afán de Pedro Sánchez de ser presidente del Gobierno por encima de casi todo, o de todo. En el partido han intentado pararle los pies, porque los pasos de Sánchez a la desesperada pueden hundir todavía más al PSOE. Está por ver qué sucederá en el Comité Federal del 30 de enero.

Volviendo a las palabras de Rivera, si considera obsoleto el programa del PP debería ser más explícito, ya que en el “haber” del PP hay 4 años de gobierno y propuestas para los próximos 4 años. A mí me queda la sensación de que, más bien, Rivera considera que el “obsoleto” es, sobre todo, Rajoy, al que considera amortizado. Basta recordar la frase del líder de Ciudadanos de que “no hemos llegado hasta aquí para que Rajoy siga en la Moncloa”.

La infidelidad de Puigdemont

La política todo lo aguanta, y se comprueba de nuevo. Si siempre hemos entendido la democracia como “un ciudadano, un voto”, Puigdemont ha pronunciado la falacia de que él quiere ser fiel al pueblo catalán. Mayor demagogia no cabe, pues él es infiel.

Carles Puigdemont, nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña, parece habituado al juego de palabras, y también a vaciarlas de sentido. Su afán secesionista, y el de los partidos que propugnan la independencia catalana respecto a España, puede llamarse de muchas maneras, pero en ningún caso como reivindicación democrática a la que ser fiel como gobernante.

También recuerdan las palabras de Puigdemont el adagio “dime de qué alardeas, y te diré de qué careces”. Presumir de fidelidad democrática en su caso es bochornoso, cuando en las elecciones autonómicas catalanas ha quedado patente que la mayoría de los ciudadanos no quieren la independencia.

De lo que se ha aprovechado Carles Puigdemont es de la mecánica electoral y de reparto de escaños, para poder ser presidente y llevar la cabo la “hoja de ruta” que una minoría democrática catalana pretende, y no lo conseguirá.

Puigdemont no ha prometido fidelidad al Rey ni a la Constitución, y por eso la Abogacía del Estado está estudiando si se puede impugnar su elección. A la vez, Puigdemont sí que ha agradecido a Artur Mas los servicios prestados – ¿servicios? – y ha acusado al Gobierno de humillar reiteradamente a Cataluña.