El penúltimo escándalo de CCOO y UGT

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Pocas cosas nos faltaban por ver, pero el comunicado conjunto del pasado 8 de junio de Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores, apoyando el indulto a los presos del “procés”, es un paso más de vergüenza sindical, y por tanto de nuestra sociedad española.

Los dos sindicatos mayoritarios justifican el apoyo a Pedro Sánchez en un “nuevo tiempo político”, para superar episodios pasados en Cataluña. Para los ingenuos que siguen pensando que los sindicatos deberían dedicarse a defender los intereses de sus compañeros y no entrometerse en cuestiones políticas, tal vez les haga reflexionar.

CCOO y UGT no dan gratis su apoyo a Sánchez. Fueron debidamente “regados” –es decir, comprados de nuevo– hace unos meses en los Presupuestos Generales del Estado, subiéndoles un 56% la subvención a los sindicatos. ¿A ver si el lector adivina o recuerda quién propuso ese incremento? Casualmente, PSOE, Unidas Podemos y ERC?

En buena lógica, los sindicatos deberían dedicarse a su razón de ser. Hace tiempo que los dos mayoritarios reaccionan de modo muy distinto ante medidas del Gobierno, según gobierne el PP o el PSOE. Todo el mundo lo sabe y lo comprueba.

Mariano Rajoy redujo, en plena crisis, las ayudas a los sindicatos; ahora, en plena crisis Covid-19, Pedro Sánchez la eleva, dando la razón a quienes defienden que el Gobierno tiene dinero para lo que quiere, especialmente para comprar y silenciar a los sindicatos mayoritarios, y hasta recibir su apoyo en situaciones de emergencia como la de indultar a los presos del “procés”, indulto mayoritariamente rechazado por la mayoría de los españoles y de los propios militantes del PSOE.

Ante asunto tan grave como el apoyo de CCOO y UGT, ¿por qué no se atreven a consultar a sus afiliados? Porque son pocos y no estarían de acuerdo, así de sencillo.

El escándalo de los sindicatos en España, especialmente de los mayoritarios CCOO y UGT, es atronador –como todo el mundo reconoce en privado– y simultáneamente es totalmente silencioso, pues nadie o casi nadie se atreve a denunciar su compra-venta continuada.

Una pregunta incómoda, que tal vez algún sindicalista o lector de estas líneas, puede responder: ¿cuántos liberados sindicales, en este año y pico de pandemia, se han reincorporado a su puesto de trabajo en Sanidad y Servicios Sociales, o en otros puestos? ¿cuántos han desempeñado, con las horas debidas, su tarea sindical, o se han refugiado en un dudoso trabajo telemático, como me han contado no pocas personas? Me han contado casos vergonzosos, que superan los casos honrosos.

Para empezar, muchos opinamos que deberían vivir los sindicatos de las cuotas de los afiliados, no de subvenciones públicas. Realidad: que apenas tienen cuotas, ni parece que vaya a cambiar.

En segundo lugar, y sobre todo en situaciones de crisis económica y laboral como la actual, habría que reducir y regular más restrictivamente las figuras de liberado sindical y representante sindical. Basta un dato que se esconde: no hay modo de saber con certeza cuántos liberados sindicales hay en España, uno de los secretos mejor guardados, así como el coste para las empresas y Administraciones: curiosamente, ni Gobiernos ni sindicatos aportan ese dato.

Se apunta que hay en España 350.000 representantes sindicales; de ellos, en el sector privado unos 4.000 liberados sindicales reconocidos por CEOE; y en el sector público unos 10.000 liberados sindicales –CCOO y UGT unos 8.000, y CSI-CSIF unos 2.000-, por lo que aun siendo cifras que no hay manera de confirmar –muchos interesados en que no las conozcamos– dan idea del gasto que nos supone a todos los españoles. Cada vez más alardeamos de una sociedad de transparencia: que intente el lector buscar en internet estos datos, y comprobará la opacidad, la falta de actualización, los datos difuminados. Intolerable.

No sé si es más propio hablar de que los sindicatos se venden, o de que el Gobierno los compra, y hasta las grandes empresas privadas quieren evitar roces con los sindicatos a cambio de respetar el status de miles de líderes sindicales que viven de los trabajadores, a veces con horarios difusos y con una dedicación que no tienen que justificar: sólo preparar su reelección.

Por supuesto que hay líderes sindicales que cumplen su función, justifican su existencia, pero estoy hablando de un mal estructural, generalizado: los medios de comunicación no son inocentes, pues hay sindicatos dentro de los medios y falta información o valentía para una información objetiva, caiga quien caiga.

Y en tercer lugar, el sistema actual tiene difícil arreglo, porque la mayoría de la sociedad no se atreve a enfrentarse al poder sindical, en sus ramificaciones concretas –no hace falta una lucha sin cuartel hacia el sistema sindical– y, además, confía o sabe que, si individualmente tenemos un problema laboral, podremos acudir a uno de esos sindicatos para que nos defienda… si antes no les hemos atacado, claro.

Hacen falta unos nuevos sindicatos, adaptados a la realidad actual, y acabar con tantas prebendas, privilegios, compraventas y silencios cómplices… de todos, no sólo de los sindicatos.