Fallas 2026

Muchos turolenses han vuelto este año a las Fallas de Valencia. Tienen un gran tirón y los lazos entre Teruel y Valencia son considerables, de manera que hay familiares en Valencia o amigos que muy a gusto alojan a los turolenses. Hoteles llenos.

Viví en Valencia 6 años. Las primeras Fallas que viví respondieron a cuanto me habían contado, porque es muy distinto vivir Fallas residiendo en Valencia que ir un día o tres. Y no digamos vivir todos los preparativos de las Fallas, que son semanas.

Las fiestas suelen reflejar la idiosincrasia de las gentes. Fallas es sinónimo de exuberancia, alegría, aglomeraciones, mascletás y castillos de fuegos artificiales, explosión de color y ruido. Carpas, puestos ambulantes y petardos. Aún recuerdo cómo vi a una abuela ir dándole petardos a su nieto para que los tirara en la calle delante de ella -y de mí-, un chaval de 6-7 años, con una potencia tres o cuatro veces superior a los petardos que tirábamos en las fiestas de Calamocha siendo adolescentes. 

Valencia duplica su población en Fallas. Es un tipo de fiestas que, como todo en esta vida, molesta o incomoda en algunas de sus facetas a los propios valencianos. Es cierto que algunos se van de la ciudad, para disfrutar de sosiego, y otros se quedan porque alojan a familiares o amigos, que si no se marcharían. De todo hay y tiene que haber.

A mí, como a muchos, me cautivaron. Hay tal variedad de actos y alegría que se puede optar, sin caer en agobios. Cientos de miles de personas callejean sin parar: eso agobia a algunos, y a otros nos parece estupendo. Cada vez hay más extranjeros en Fallas, muchos de los cuales repiten, a la vez que no acaban de comprender la quema de las fallas, casi 800, contando las infantiles, porque son obras de arte, sátira e ingenio levantino. “¿Y me dices que esta noche queman esta obra de arte?”, oí a un turista. 

El acto más emotivo y central es la Ofrenda de Flores a la Virgen. Dos días de fervor mariano, pasión y lágrimas. 70.000 ramos de flores de claveles rojos, blancos y amarillos este años con más de 120.000 falleros participando, con muchos bebés, y recibiendo piropos de “¡guapa!”, con aplausos y gritos de familiares y amigos. Una mujer, procedente de Madrid, comentó este año: “Siento envidia de cómo los valencianos demuestran su identidad propia”.

Cada año aumenta el número de personas que acude a Valencia en Fallas. Un profesor universitario, que reside en Valencia desde hace décadas, escribió en X (antes Twitter) que por 120.000 falleros no se podía molestar a 800.000 personas tantos días, con carpas prematuras, música, etc. Tuvo mucha contestación: la mayoría le animaba a que, si no le gustaba Valencia, que se fuera a otra ciudad.

Por supuesto que hay excesos e incivismo. No me parece que definan las Fallas, o al menos no es la nota dominante. El ayuntamiento es consciente de que han de mejorarse servicios de transporte, estudiar medidas para conciliar mejor la fiesta y el descanso. Sería de ciegos no hacerlo. Pero de ahí a que la oposición política las compare con el botellón o Magaluf no me parece justo. La alegría y el éxito amargan a algunos.

  • Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
    Escribe, también, en su web personal.