Se me ha pasado por la cabeza titular con uso “moderado” del móvil, o por parte de los jóvenes. Sin embargo, el uso del móvil y las nuevas tecnologías afecta a todos, adultos y jóvenes. Por supuesto que está causando auténticos estragos en los jóvenes, mucho más expuestos a lo inmediato, placentero y menos responsabilidades, por lo que entre los jóvenes se están multiplicando las adicciones a los móviles y su uso excesivo.
Los adultos hemos de dar ejemplo. Casi todos habremos estado con un conocido o amigo tomando café, y que se pone a investigar en el móvil, y nos dice: “Perdona, ¿qué decías?”. Dan ganas de levantarse. Muchas veces es una falta de educación, una ansiedad inmensa para estar al corriente de noticias o de la penúltima derrota del Zaragoza. Tienen que vernos los jóvenes que no lo usamos en las comidas, o en momentos de tertulias familiares o celebraciones.
La adicción al móvil en jóvenes es creciente, con cifras que asustan, y las conocen bien psicólogos, psiquiatras y pedagogos, y médicos de cabecera incluso. Afecta en España a un 30% de los menores de 11 años, y entre los 18-24 años lo usan ¡casi 7 horas diarias! La mitad de los jóvenes se considera adicto al móvil. Otorguemos precisión y credibilidad a estas cifras es cuestión personal, pero suficientes para reflexionar.
Lo usan por la noche, con la pasividad de sus padres, no duermen lo suficiente, llegan cansados al colegio, irritables en el trato, prefieren juguetear con el móvil que hacer deporte o estar con los amigos. Juegos y pornografía saben cómo captar la atención de los jóvenes. En cerebros inmaduros dificulta mucho el autocontrol.
Hay que hacer balance en cada familia. Tomar medidas. Me alegró que una familia había decidido que, si alguno usaba el móvil en una comida, tenía que pagar un euro: depositado en una hucha, al cabo de unas semanas, se donaba a la parroquia o una ONG. En otros casos, es una multa que acaba en una tarta o helados para todos. Es preciso tomar medidas, y si puede ser acogidas por todos, amables, razonadas. Zonas o espacios libres de tecnología y fomentar la convivencia y el diálogo, no el individualismo que genera el excesivo uso del móvil.
Entre los teléfonos móviles, las mascotas y los robots, hay que ir pensando cómo facilitamos el trato humano, la conversación abierta con personas. ¿Tienen relación los móviles, el aumento de las mascotas y cómo se les trata, y los robots? Sí y no. Hay una conexión, que comprobamos en la calle al ver cómo algunos hablan con el móvil por la calle con riesgo de su seguridad, o cómo le hablan sin parar a su perro. Algo pasa.
Y con la IA hay que estar muy pendientes a sus beneficios y abusos, por el manejo de imágenes y datos erróneos. No se trata de temer el desarrollo tecnológico, sino de usarlo con sentido común. Si pensamos que no es para alarmarse, basta preguntar a los profesores, médicos y psicólogos. Tomar medidas y controlar no es anular la libertad, sino formar a ser libres y no-adictos.
imagen: Grok
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
