El origen íbero del Valenciano IV

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  1. El truco del ibero: sí, al ibero-catalán; no, al ibero-valenciano

El hibridismo ibero-catalán  es atractivo para los estudiosos expansionistas, aunque  hay que reprocharles que se apropien de ancestral léxico valenciano para dar peso a su argumentación. Sueñan con ampliar fronteras, pero fallidas por burdas e hirientes las estrategias de la Gran Cataluña y los ficticios Países Catalanes, ahora perfilan otra añagaza geopolítica que, si triunfara, significaría la legalización intelectual de la expansión.

El planteamiento es sencillo: el pueblo ibero habría tenido en Cataluña su núcleo matriz, de donde irradiaría idioma y cultura hacia Almería por el Sur y, por el Norte, hasta Marsella (Vidal, p.17). En el libro hay un significativo capítulo dedicado a “El Lenguadoc iberizado” (p.634), fundamentado en algo de epigrafía, cuatro apuntes de antroponimia, vagas citas sobre ligures e iberos y, sobre todo, mucha especulación nacionalista.

La teoría vasco-ibera viene de lejos. En 1934, Pío Beltrán daba a conocer la inscripción ibérica en supuesta lengua vascuence (¿gudua deitzdea, ‘llamada de guerra’?), en un vaso de Liria. La interpretación, como era de esperar, no fue bien aceptada por los estudiosos vascos coetáneos. Los paleolingüistas hablan de un protocatalán de raíz y léxico vasco-ibero que singularizaría el latín en los siglos oscuros en Cataluña, del IV al XI (tan oscuros que ni existía una aldea con ese topónimo); pero idéntico planteamiento, curiosamente, no lo admiten para el territorio más iberizado de Europa: el Reino de Valencia.

Generalmente, para localizar el núcleo de florecimiento de una civilización se valoran los restos culturales hallados en su área geográfica y —para infortunio de catalanes—, la sofisticación ibérica se localiza en el Reino de Valencia: la Dama de Elche, Vasos de Liria, Plomos de Alcoy, etc. No obstante, Vidal no considera importante este hecho, aunque él mismo no halla elemento más significativo que la imagen del lobo ibérico de la valenciana Alcudia para ilustrar la portada de su libro. Otro catalán, el lingüista Mariner (Tarragona, 1924), usando los eufemismos “lengua levantina” en lugar de valenciana, y ‘Levante’ por Valencia, decía:

«La gran importancia atribuida por Badía a los substratos prelatinos en el dominio actual de nuestra lengua levantina no estriba fundamentalmente en el citado aspecto diastrático, sino en los otros dos; concretamente, en su más reciente versión, en un cruce de ambos: renunciando ya a la hipótesis de que el latín se hubiera superpuesto en nuestras tierras a paleohispánicas distintas -el ibérico y una(s) lengua(s) indoeuropea(s)-, y admitiendo que la única de ellas en contacto con la de Roma fue en el Levante hispánico precisamente el ibérico, propone reconocer que el arraigo de éste fue mayor en la parte que, con la fragmentación románica, iba a dar lugar a las variedades occidentales de nuestra lengua, mientras que las orientales se habrían originado en territorio menos profundamente iberizado, por la presencia en él del substrato indoeuropeo al que el ibérico se había superpuesto a su vez (...) acerca de que el ibérico se documenta todavía como lengua para todo uso a más de un siglo del comienzo de la romanización incluso en la parte de Levante donde la opinión del doctor Badía es de que fue prácticamente más intensa... a la actual área catalana centro-oriental corresponden los testimonios de contacto en el plano de bilingüismo efectivo» (Mariner Bigorra: Latín y paleohispánicas, Univ. País Vasco, 1987)

Si es admisible la existencia de un protocatalán con léxico ibero en su formación: ¿por qué no aceptar similar proceso en la gestación del protovalenciano?. Hay más cuestiones: ¿cuándo se dejó de usar el ibero más o menos latinizado?, ¿fue por el año 600, en tiempos de Eutropio de Valencia? Los catalanes, sin complejos, plantean el tema:

«catalán, lengua romance de origen latino, se observan numerosos germanismos, arabismos y sobre todo préstamos de substrato, el ibero (...) La introducción de palabras íberas en el protocatalán debió ser provocada por iberoparlantes  bilingües, y al no constar a ciencia cierta ni cuándo se dejó de hablar el íbero... palabras iberas en el catalán... la supervivencia ... convergencia lingüistica entre catalán y el occitano... la segunda romanización del proto-catalán fue la conquista musulmana» (Vidal, 16, 29)

El ensayo de Joan C. Vidal se inicia con el epígrafe ‘Vocabulario íbero en el catalán’ y, cual desinhibido cleptómano léxico, el primer sustantivo que analiza es el valenciano ‘tos’ (cast. nuca, cat. clatell). De este modo, el ensayista exhibe una larga serie de vocablos enlazados con más o menos fortuna argumental a la raíz vasco-ibera; pero, repetimos, se apropia de léxico valenciano y de voces compartidas con otras románicas, documentadas por primera vez en valenciano.

Diserta Vidal sobre el sustrato ibérico, pero ignora los cognados valencianos (voces del mismo origen etimológico, con distinta evolución fonética y morfológica) o los altera morfológicamente; mostrando tendenciosidad al denominar ‘Levante’ y ‘país valenciano’ al Reino de Valencia, mientras que usa Principado y Cataluña para su territorio.

El valenciano demuestra por medio de cognados de étimos iberos, latinos y árabes su singularidad. Así, del proto-indoeuropeo *ster derivaron el español y catalán estrella (que hoy  repudian y sustituyen por estel, del latín stella), inglés star, alemán stern, francés étoile,    holandés ster, italiano stella, sánscrito str, galés seren, rumano stea, islandés stjarna, griego aster, persa setare, kurdo estêre y valenciano estrela:

“que penetrá les estreles” (Montalt, D.: Quintilles valencianes, 1687, v. 35)

 

  1. El ibero en el idioma valenciano de Bernat y Baldoví

¿Cómo? ¿Los sainetistas usaban voces valencianas de étimo ibero? Según el iberista Vidal y el etimólogo Corominas, parece que sí. Por ejemplo, el comerciante de arroz Mariano Serrano Biguer, nacido en 1870 en Sueca (la antigua Sicana de los iberos), se dedicaba en sus ratos libres a escribir sainetes en valenciano. En uno de ellos leemos:

«entra un garbó de senill; la nit será molt chelá (...) senillars» (Serrano, M.: Voreta de l’Albufera, 1928, pp. 18, 25)

El ‘senill’ es planta herbácea de la familia Phragmites que crece junto al río ibero Sicano (Júcar) y la Albufera. El sainetista Serrano Biguer no usó el sinónimo castellano ‘carrizo’, sino el valenciano ‘senill’ y su derivado ‘senillar’ que había escuchado desde niño a sus padres y abuelos. Tiempo atrás, en el Siglo de las Luces, el científico Cavanilles (Obs. 1797) anotaba la variedad de “canyamel senill” como voz botánica valenciana, equivalente al cast. cañamiel de Ravena.

El sainetista Serrano no era consciente de que 'senill' era parte del léxico ibero o protovalenciano hablado en tiempos de Eutropio de Valencia (a. 600), o en la antigua Sicana o Cicana, que permaneció vivo entre mozárabes, muladís y demás veletas valencianos que cambiaban arbitrariamente de religión y se mezclaban con otras etnias. Como vemos, la conexión entre prerromano-ibero, mozarabe y léxico ibero en el valenciano de Bernat y Baldoví es una realidad. El iberismo de ‘senill’ no es elucubración de ningún blavero, sino del etimólogo catalán Corominas:

«senill: nombre de una variedad de carrizo y de otros vegetales de sitios húmedos, de origen incierto, puede ser prerromano ibérico» (DECLLC, VII, p.793)

El interesante sustantivo también lo hallamos en el sainetista por excelencia Bernat y Baldoví, nacido en la ibera Sueca (aquella “ciudad Sicana, así llamada por los iberos”, Rufo Festo Avieno: Ora marítima, c. 350 d.C., v. 475). De agudo ingenio, Baldoví dirigió la revista satírica ‘La Donsayna’ y fue su principal redactor:

«entre rames y senills / va tant trochera y esquiva» (La Donsayna, 1845, p. 156)

Castellanos y catalanes conocerían la voz por los habituales intercambios ya citados; p. ej., en las campañas militares de tropas de otros reinos que pasaran por Sueca, al llegar el invierno oirían que los antepasados de Serrano Biguer recogían ‘senill dels senillars’ para combatir el frío. También los cientificos conocieron la palabra gracias a Cavanilles y, especialmente, a las divulgadas novelas de Blasco Ibáñez, que solía dar realismo a sus relatos con la inclusión de léxico valenciano:

«entre los senills, las cañas se confundían» (Blasco Ibáñez: Cañas y barro,1902)

Por cierto, en la frase de Baldoví “va tant trochera y esquiva”, hallamos otro adjetivo prerromano, ‘trochera’. De étimo ibero o celtibero, Corominas quiso ignorar la documentación valenciana al afirmar:

«trocha ha de ser castellanismo en valenciano, donde se emplea en algunas comarcas, y lo he oído en Castelló de Rugat como término de cazadores» (DCECH, V, p.652)

Lamentablemente, Corominas padeció ceguera respecto a esta familia léxica valenciana:

“anant de visites, se torna trochera” (Siurana, J.: Disputa de viudes, 1561) “molt amiga es de trochar” (Sapena, B.: Real Academia, 1669, p. 83)
“encara que en Senta Creu / estiguen domiciliats, / nunca ixen de la Parroquia, / sino quant van a trochar” (Orti Mayor: Relació dels bultos, jagants y nanos, 1743)

argamasa –de origen prerromano, según Vidal sería un híbrido del ibero *arga y latín massa; aventurando que “el castellano argamasa se debería entonces aceptar como catalanismo” (p.106); mas la documentación lo relaciona con el mozárabe o romance valenciano “argamassa” (Vocabulista in Arabico, s. XIII), encontrándose en más manuscritos del mismo siglo:

«d alna de Valencia... e XIII alnes d ample... de bona pedra manposta (sic) ab argamassa» (Doc. de Morella , en CICA, XIII de deembre MCCXCVI)
«mestres piquers de Valencia... del partidor de Petrés a l assut d Algar... com l’obra d argamassa» (ACA, Cartes Reals, Jaume II, nº 777, s.XIII)

Pero ‘argamassa’ también era castellano del manuscrito de San Román de Entrepeñas de Palencia (año 1190), y las castellanas ‘Historias Troyanas’ (c.1270), lo que señalaría raíz celtibera. La ‘ss’ sorda, presente en antiguo castellano y valenciano: “la argamassa” (APH. Sta. María d’Elig, Sig. 168, testament Ferrant Gonsales, c.1380, f.64), tendía a la simplificación y unificación morfológica (ss > s) desde la Edad Media:

«en trencar lo cup del dit molí qui es de pedra e de argamasa» (DCVB, entrada ‘cup’; texto valenciano del año 1412)

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cachap –mozarabismo valenciano, equivale a los catalanes llorigó y farnaca. Para Corominas es «indudablemente prerromano» y su extensión se corresponde al área mozárabe (val. cachap, cast. gazapo, port. caçapo). La voz no pasó desapercibida a los eruditos:

«cachap: gazapo» (Mayans y Siscar: Voc. valenciá, 1787) Por su connotación paródica, la vemos en motes de personajes populares:

«Raonament entre... llaurador de Alfafar y Serafino Cachap» (Valencia, 1820)
“al so Chulla, al Cachap, al Motiló” (BNM, ms. 14447, Badía y Adell: La matiná de Sen Roc, 1864, f. 23)

El derivado ‘cachapera’ (madriguera de conejos) amplió su semantismo a casa o barraca oscura y estrecha, cajones donde se encerraban a las palomas, etc.:

«viu entrar / dins de aquella cachapera / un home tan estirat, / que pareixía un furguet» (Segona part ahon se referix el modo com perden lo temps homens y dones..., Valencia, 1784)

El iberista Vidal destaca su “origen desconocido” y su relación con la raiz *kach. De la lengua vecina dice: «en cuanto en castellano se ha desarrollado agazapado con el sentido de estar bien agachado, normalmente para ocultarse» (Vidal, p.40). Incomprensiblemente no enriquece su tesis con los acachar, acacharse, acachat, etc.; que serían cultismos etimológicos descendientes del protovalenciano:

«y suau s acacha» (Gaçull, J.: La brama dels llauradors, Valencia, 1497
«acachen les orelletes» (Coloqui en que es declara lo perjuhí... en fer cuchs de seda,Valencia, 1728)
«acacharse: abajarse» (Mayans: Voc. valenciá, 1787)
«el poble paga acachat» (Peris Celda: Arrós en fesols y naps, Valencia, 1921,p.7)

calap –el iberista Vidal recoge el valenciano «calap, tipo de caracol» de Pego y su comarca:

«se puede asumir con bastante seguridad de que se trata de una supervivencia ibera en el mozárabe local» (Vidal, p.289). El DCVB de Alcover da el sust. valenciano “calap, caragol paregut al moro”. Curiosamente, Calap también sería apellido ibero-valenciano, sólo conservado en el Reino.

caparra –mozarabismo valenciano de origen prerromano, equivale al cast. garrapata y cat. paparra, pitarra. Según Corominas: “caparra... parece provenir de un antiguo vocablo prerromano, idéntico al vasco kaspar(ra)” (DECLLC, VI, p.249):

“caparra: garrapata” (Ros, Carlos: Dicc.val. Valencia, 1764, p.60)

El sufijo despectivo –arra también lo lleva el cast. ‘pitarra’, vino de poca calidad. En el País Vasco, ‘pitarra’ es la sidra casera y aguada. Hoy se le ha añadido otra dental sorda a la voz, ‘pittarra’, para maquillarla y singularizarla de sus homógrafas románicas. Curiosamente, el sufijo iberovasco –arra (que quizá no lo es en caparra), lo usamos en valenciano para la ‘vinarra’, vino barato y peleón:

“cuant més vell es fa, més s’amborracha y més sego está en la vinarra” (Caps y senteners, Valencia, 1892)

carchot –el iberista Vidal incluye esta voz valenciana de étimo desconocido (p.59). Corominas sugiere el mozárabe *qarsat como origen. En cast. sería cachete, cogotazo; en cat. clatellada. Hay que advertir que los filólogos catalanes cumplen con rigor talibán la prohibición del dígrafo ‘ch’, considerado lacra castellana y propio de “la extrema derecha secesionista”; es decir, más o menos como la esvástica nazi. Los expansionistas son eficaces para convertir en tabú a personas, signos o conceptos, sea el topónimo Valencia, el gentilicio ‘valenciano’ o, aunque parezca absurdo, la grafía ‘ch’, presente en la literatura valenciana desde la Edad Media. Este sustantivo también la lleva:

“pero guardat d’un carchot / qu’et fasa anar de gaydó” (El Mole, Valencia, 1840, p.30)

cascar –del dudoso étimo latino *quasĭcare, Vidal valora su transmisión mozárabe y señala probable raíz del “antiguo ibero” (p.104). Es verbo clásico valenciano:

«li casquen lem e lescut» (Conesa, J.: Hist. Troyanes, a. 1374)

chapa –de étimo desconocido, posible derivado del radical prerromano *klapp, que en valenciano señalaría a un cognado de sustrato ibero. En paremiología se asociaba a un tiempo ancestral, ya entre los clásicos :

“capes / del temps de chapes” (Roig, Jaume: Espill, 1460)
“poms del temps de les chapes” (Gaçull, J: La Brama, Valencia, 1497)

La morfología con ch- se conservó incólume hasta su prohibición por el catalanismo, que impone el catalán ‘xapa’. El latinista Pou, profesor en la Univ. de Valencia, recogió el sust. prerromano:

“chapa” (Pou: Thesaurus, Valencia, 1575)

Actualmente, si un funcionario valenciano escribe ‘chapa, chapes’ con la ‘ch’ clásica, se expone a un expediente; y si es estudiante, al suspenso. Pero en valenciano lleva ‘ch’:

“una chapa de metall” (El Tío Cuc, nº 119, Alacant, 1917)

chic -de étimo desconocido y relacionado indirectamente con el latín ciccum (membrana que separa los granos de la granada), Corominas es contundente respecto a su mozarabismo: “que el vocablo existió en mozárabe se ha de admitir de todas maneras” (DECLLC,IX, p.535). Al encontrarse variables en otros idiomas: vasco chiqui (modernamente escrito txiqui), cast. chico, occit. de Burdeos ‘chic’ y algunos cognados del Sur italiano, Vidal razona:

«de origen oscuro, si bien se le ha relacionada indirectamente con el latín ciccum... hay cognados presentes en mozárabe... gascón y narbonés chic... algunas de las variantes italianas se podrían explicar como préstamos en las lenguas del substrato, ya que los autores clásicos mancionan la presencia de íberos provenientes de la huerta valenciana en Sicilia» (p.358)

Lo sorprendente es que Vidal (enemigo de citar ‘valenciano’) sugiera que los cognados italianos de ‘chic’ pudieran tener origen en la emigración a Sicilia y Calabria de valencianos iberos. Este hecho ha sido debatido desde hace siglos por historiadores y eruditos de todas las épocas (Diodoro de Sicilia, Filisto, Strabón, Eforo, Bardetti, el francés Bochart, Ecateo, Tucídices...). Hay cognados italianos que apoyarían la llegada de iberos valencianos a Calabria y Sicilia; p.ej., nuestro ‘samaruc’ pudo generar los dialectales samarugole y siammaruca; o incluso el sardo de Cerdeña paloppo (de ‘palop’, uva valenciana). Lo cierto es que ‘chic’ y sus derivados con ch- son patrimonio del idioma valenciano, sea clásico o popular:

“grans o chichs... lo fadrí chic... un forat chich...” (Ferrer, St.Vicent: Sermons, c.1400)
“¡Te pegaría una bascollá! Deixa al chic” (Llibret Foguera Ajuntament, Alacant, 1952)

chopar, choparse —mojarse, empaparse de agua. Aunque Corominas sugiere la derivación del latín *ex-suppare, el iberista Vidal habla de formación onomatopéyica y lo incluye entre los vocablos de origen vasco-ibero: :

“chopar: empapar” (Mayans: Voc. val., 1787)
“ben chopat en la esquena” (Casajuana: La oroneta, Valencia, 1914)

chorrar —el valenciano ‘chorrar’, con ch- , tendría la misma raíz ibera *chor que  los occitanos “chorrear, charrotar’ y cast. ‘chorrear’. Vidal se apropia del verbo y falsea su morfología (escribe ‘xorrar’), pero:

“chorra lo sucre” (Beltrán, Jaume: Obres contemplatives,Valencia, 1515) “la sanch estava chorrant” (BRAH, Ms. Porcar, J.: Dietari, 1615, f. 231)

Ante la riqueza de documentación en valenciano (chorrar, chorro, chorret, chorritó, chorritaeta, etc.), Corominas intenta disimular su contrariedad y aventura que son «quizá mozarabismos, al menos en parte, dado el enorme arraigo de chorro en la toponimia de todo el Reino de Valencia» (DCECH, II, p.395). Voz viva, presente en la literatura clásica y popular:

“chorrant sanc” (Archiu Mun. d’Elig, Romans del pleit del pollastre, 1776, v. 84)
“li chorren les sinagües per raere” (Navarro Borrás: ¿Es de vosté eixe goset?, Valencia, 1921)

pechina –según Vidal, sería de “origen incierto. Se cree proveniente del mozárabe valenciano, con substrato ibero; y de aquí debió ser transmitido al catalán y de éste al castellano, puesto que pechina es reciente” (p.309). De etimología desconocida, Corominas desmontó la del latín pecten, -ĭnis, basada en la confusión de Covarrubias en el 1600. Está documentada desde tiempos medievales con el dígrafo ch:

“collia pechines” (BUV, ms. Canals, A.: Valeri Maxim, traduit al valenciá, any 1395)
“pechines de mar, cloquea cloquee” (Esteve: Liber, 1472)
“sobre lo cap de aquella ymage... una pechina” (AMV, Consells, 57, A, 5 –9- 1517)
“conchas que en Valencia llaman pechinas” (Palmireno: Voc. Valencia, 1569)
“pechines (l)lises … pechines aspres” (Pou: Thesaurus, Valencia, 1575), etc.

La ancestral palabra no falta en la prosa de los sainetes:

“la pechina li va cáurer” (Salvador, J.: Una agüela verda, Valencia, 1876, p.23)

Hoy está prohibida nuestra grafía. Sólo se admite la corrupción catalana ‘petxina’ por el fascismo expansionista.

polp -del latín polypus (‘múltiples pies’) surgieron una serie de cognados: el port. polvo, gall. polbo, cast. pulpo y val. polp:

“polp e serena” (Roig: Espill, 1460)

Todos conservan la etimológica -l- . Sólo el catalán la pierde en pop, motivo para que Vidal, tímidamente, hable de origen onomatopéyico y protocatalanidad de la voz:

«Ahora bien, en otros casos, ciertas palabras aparentan a simple vista un origen onomatopéyico, como podría ser el catalán pop ‘pulpo’, pues sin la ayuda del resto de lenguas románicas, del latín y del griego, rápidamente se podría sugerir un origen expresivo»

Es decir, que el catalán ‘pop’ y el latín ‘polypus’ derivarían en paralelo de una protolengua. Poco convincente está Vidal en este caso. En valenciano nunca se perdió la -l-:

“polps, sepietes y morralla” (Roig y Civera.: El casament de les borles, Valencia, 1874)

Por cierto, el susodicho valenciano ‘morralla’ , multitud de peces pequeños o cosas de poco valor, también sería de raíz prerromana. Destaca Vidal que «existe en vasco arrain (pez) que podría ser cognado (de morralla) si procede de un antiguo *orrain» (p.307).

samaruc –al ser el DECLLC la fuente principal y base de conocimientos del iberista Joan Carles Vidal, veámos que dice el etimólogo barcelonés de esta voz valenciana:

«Samaruc: pececito... vocablo valenciano, común al cast. samarugo o jamarujo, port. samarugo..., italiano dialectal del Sur ciammaruca o samarùgole, calabrés ciamarúculu, gusano o caracol, de origen incierto (...) parece obligado ver una relación entre moruca / maruca y el ibero-románico samarug(o)» (DECLLC)

El ‘samaruc’ (Valencia hispanica) se encuentra sólo en aguas del Reino de Valencia; no obstante, Vidal diserta sobre ‘samaruc’ sin mencionar que es palabra valenciana, ni que puebla el mar de Valencia. Siguiendo la estrategia de no citar nuestro topónimo y gentilicio, lo relaciona con el leonés moruca o el alto-navarro zalupa. El ictiológico sustantivo es frecuente en la literatura valenciana:

«y no pegarme picá ni tan sols un samaruc» (Vicent, J.: Els peixcaors de canyeta, estrenat en Alberich el 01/12/1902; editat en Barcelona, 1903, p. 22)

socarrar -de raíz ibera y emparentado con el vasco sukar(ra) ‘llama de fuego’, era común al castellano de Berceo. Aparece en les glosas valencianas del Vocabulista de Florencia (s.XIII), traducido al latín comburere. Vidal recuerda que “en vasco existe sugarastatu con idéntico significado al catalán sucarrar” (p.145). Lo de ‘sucarrar’ sólo lo he oído en castellano paródico y catalán, mientras que ‘socarrar’ ha sido y es morfología y fonética valenciana:

“¡Ay, agárram, que les lluernes dels teus ulls me socarren” (G.B.: La Perla d’Alberic, Valencia, 1918, p.15)

También existe el semantismo traslaticio de enfadar: “lo que me socarra es que u fasa aposta” (BNM, Chaques l’olier, c. 1850); y el diminutivo ‘socarraet’, con elisión de -d- intervocálica del valenciano moderno:

“d’arrós en fesols y naps..., y si li noten gustet, / es que un poc me s’agarrat / y m‘ha eixit socarraet” (Peris Celda: Arrós en fesols y naps, Valencia, 1921)

Otros derivados serían socarrim y socarrimet:

“a voreu quin socarrim” (Vercher: En la velá d’un albat, Valencia, 1865)

Existen múltiples cognados en las lenguas peninsulares, sin olvidarnos que Berceo usaba ‘socarrar’ en el castellano del siglo XIII. La existencia de homógrafos de raíz ibera o celtibera en valenciano y castellano no denota supeditación de una lengua a otra, sino derivación de un mismo étimo y trayectoria morfológica paralela.

tos –equivalente al cat. clatell y cast. nuca, Vidal lo enlaza etimológicamente al prerromano hispánico *taukia (copiando a Corominas) y sus dudosos cognados: gascón tusú, tudu; roncalés taika, etc. El origen, dice, estaría en la protoforma del ibero *toke, sin rechazar *tottia. La voz estaba arraigada en el valenciano clásico de Sent Vicent Ferrer, Jaume Roig, Joan Esteve. etc. En el ms. valenciano Consolat de Mar tenemos tos, toç; traducido a ‘cuguroz’ en la versión catalana. Es valenciano clásico y de los dramaturgos saineteros:

“te els ulls en lo tos” (Colom, J.: Cuatre comics d’ocasió, Valencia, 1873)

Es significativo que Vidal no recoja ni analice tótina, ‘cabeza’, una de esas voces valencianas de etimología desconocida que suelen archivarse como “de origen onomatopéyico o  expresivo”:

“de la primera nyespla... li encale la tótina dalt del Micalet” (Mollá: El punt, Valencia, 1920)

Turia –analizando el hidrónimo prerromano, dice Vidal: «este adjetivo ibérico *thuri,  ‘blanco’, puede plantearse tras conocer que el río Turia tiene como afluente principal el Guadalaviar, del árabe Wadi Al-Abyad 'Río Blanco'. El Turia es conocido popularmente (segun Cortés, 1836: 292) como Río Blanco por las poblaciones castellanoparlantes de Ademuz, Chelva, y Chulilla, por lo que tal vez nos hallemos ante una traducción del topónimo prerromano que sobrevivió en el mozárabe local para luego ser traducido al árabe en su curso alto. De ser esto correcto, tendríamos que el ibérico *thuri sería cognado del vasco zuri ‘blanco’».

(…)El léxico valenciano de origen ibero, mozárabe o árabe se filtraba al castellano y catalán por el simple intercambio lingüístico entre comerciantes, funcionarios, soldados, clero, etc. Las filtraciones se manifestaban también en escritores residentes en el Reino. Así, el sevillano  Lope de Rueda mechaba voces valencianas en sus obras: ‘casa fosca, buñolera, pancha’, e incluso frases: “no he fet yo tan gran llegea” (El Deleytoso, c.1560). Aparte de vivir en Valencia y tener amistad con intelectuales como Timoneda, Lope de Rueda se casó con la valenciana Rafela Trilles, que le facilitaría el conocimiento del idioma. Valga de ejemplo el sust. medieval ‘pancha’, presente en los clásicos: “la pancha” (Roig: Espill, 1460). Por su  parte, el catalán Onofre Pou, que estudió en la Univ. de Valencia y pudo conocer a Lope de Rueda, también lo recogió en su trilingüe diccionario: “la gran pancha” (Pou, O.: Thesaurus, Valencia, 1575)

El ejemplo de ‘pancha’ es mozarabismo morfológico, del latín pantex, -icis;  pero  igual proceso de filtración a otras lenguas sucedía con vocablos valencianos de origen ibero, como  ‘turma’. El dramaturgo Guillem de Castro pone en boca del escudero Galíndez esta  frase, no sabemos si paródica, hablando de manjares:

“A la dama mía le di turmas” (Los mal casados de Valencia, c.1595).

 

  1. Conclusión: la ley del embudo

Al ser numerosa la relación de palabras valencianas de supuesto origen ibero, sólo hemos citado unas pocas de las incluidas en el ensayo de Vidal que, recordemos, dice:

«La introducción de palabras íberas en el protocatalán debió ser provocada por iberoparlantes bilingües, y al no constar a ciencia cierta ni cuándo se dejó de hablar el íbero» (Vidal, p.29)

No hay motivo para no aplicar esta aseveración al valenciano:

«La introducción de palabras iberas en el protovalenciano debió ser provocada por iberoparlantes bilingües,y al no constar a ciencia cierta ni cuándo se dejó de hablar el íbero»

Vidal también valora la advertencia sobre Corominas:

«que cuando usa el adjetivo vasco puede hacer referencia a palabras de origen vasco o ibero» (p.691).

Sería el caso de voces como, por ejemplo, ‘socarrar’; pero nos queda un tesoro de voces valencianas híbridas de morfología prerromana o ibera con la latina, visigoda, bizantina, árabe, etc. : carchofa, sarnacho, fardacho, carabasa, carrasca, barraca, tocha, etc.

En fin, que la política expansionista de Cataluña, basada en el concepto de iberos = catalanes, es otra operación del anacrónico fascismo intelectual catalanista, que vive opíparamente entre la corrupción política y el embrutecimiento y dejadez de las masas.

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Ricart G. Moya

Ricart Garcia Moya es Llicenciat en Belles Arts, historiador i Catedràtic d'Institut de Bachillerat en Alacant.