PUIG RODA I. Introducción/De TÍRIG a VALENCIA

Marc Borrás el Mar, 22/06/2021 - 21:47
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Difícil para mí es el poder dar un compendio de los valores pictóricos intrínsecos, moral y material, concernientes a la obra de este eximio artista hijo de Tírig, un tanto hoy olvidado; desconozco el grueso de obras de su plenitud productiva y tengo tan sólo un mero conocimiento de su última fase. Trazar la trayectoria de un artista sin conocer al menos su fase de madurez es ardua tarea que forzosamente ha de resultar un tanto menoscabada e incompleta. Sólo lo hallado en su taller, luego de su muerte, y que ya otros habían seleccionado con intenciones distintas, obras de su última época, cuando ya el artista había perdido todo estímulo, proporciona sólo datos parciales que dificultan nuestro empeño, reflejando sólo el aspecto –por cierto el del ocaso- que hacen incompleto el estudio del pintor (1)

Diez años después de que el pintor castellonense Juan Bautista Porcar Ripollés escribiese el artículo al que pertenece la cita anterior, la familia del pintor hacía una importante donación al Museo Provincial de Castellón, consistente en el gros de las obras del autor que conservaban, como última muestra póstuma de agradecimiento del pintor a la corporación provincial, la cual becó al joven Puig Roda, quien se convirtió en uno de los mejores pintores de nuestra provincia.

Y aun así, a pesar de sus éxitos, su figura no es conocida como se merece. Frente a la imagen de Vicent Castell i Domènech, padre de la primera escuela pictórica de Castellón, el nombre del pintor tirijano es poco conocido, tanto en la capital de la Plana Alta como en la mayoría de la provincia, y totalmente desconocido fuera de estas fronteras. Y todo esto a pesar de que ocupa un lugar de honor en el discurso del Museu de Belles Arts de la capital.

El hecho de que Puig Roda fuera ajeno del mundo de la bohemia, centrando su vida desde el momento de su matrimonio en exclusiva a la pintura y su familia, el que se decantara por Vinaroz como lugar de residencia, unido al hecho de que nunca se presentase a las Exposiciones Nacionales y que abandonara tempranamente la temática histórica en los años dorados de este género, explican en buena medida el por qué del discreto lugar que ocupa en el imaginario colectivo y, especialmente, académico.

Por suerte, el cariño por su figura sigue vivo en los pueblos del norte de la provincia, así como su obra y legado se conservan bien, así como sobre su figura existen buenos trabajos que nos permiten conocerlo mejor, destacando la labor de Gonzalo Puerto Mezquita y Antonio J. Gascó Sidro.

 

De Tírig a Valencia

Gabriel Puig Roda nació el 18 de marzo de 1865, día de San Gabriel, en la villa de Tírig, localidad del Alt Maestrat. El inmueble que le vio nacer remarca este hecho con las siguientes palabras: En aquesta casa naixqué el 18 de març de 1865 el pintor Gabriel Puig Roda. El fill més il·lustre d’aquesta vila.

No es para menos, pues sin duda él es el personaje más destacado de la cultura tirijana, y tal como dice Gascó: “no se puede aventurar de dónde vino su vocación artística, en un lugar sin precedentes artísticos y en una familia en la que nadie había sido llamado por la senda de la plástica” (2).

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Sus padres eran campesinos y desde corta edad les ayudaba con las labores del oficio. Ello no le privó de sus estudios, y viendo sus dotes naturales para el dibujo, su maestro Don Miguel Roda pidió opinión al médico y al párroco del pueblo, quienes sorprendidos por el talento del autodidacta, se sumaron a él para dar noticia de los hechos al alcalde del talento de Puig Roda, que contaba con 12 años en aquel entonces.

Decidieron espolear a sus padres para que permitieran al joven Puig ir a estudiar a Valencia. Según indica Gascó: ““finalmente, con modesta bolsa de estudios anticipadas por el municipio, algún que otro socorro particular, un esfuerzo gigantesco por parte de sus padres, y el proyecto de encontrar colocación de aprendiz de pintor en un taller de abanicos de la Capital del Turia, el tiricense se trasladó a la populosa ciudad y se matricula en el curso 1879-80 en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos que fundara Bárbara de Bragamza en el siglo XVIII” (3).

Así, mientras en París comenzaba la andadura del impresionismo y en Europa triunfaba el realismo de carácter social, en España, por la herencia de un romanticismo enfocada a la historia de a identidad de los pueblos, ciudades y comarcas, se encontraban en una tesitura histórica conservadora, obedeciendo los dictámenes de los Reales Academias de Bellas Artes, donde se enseñaba una pintura que encontraba su máxima expresión el los cuadros de historia, destinados a ganar los premios en las Exposiciones Nacionales.

Esta búsqueda constante de la historia patria, con la influencia del romanticismo que buscaba la identificación del pueblo con sus orígenes, conllevó la revitalización del folklore, surgiendo un costumbrismo que sucederá el historicismo en el próximo periodo.

Los componentes de este historicismo y costumbrismo creó escuela entre los alumnos de la Real Academia de San Carlos.

La residencia de Puig Roda en la capital del Turia era visitada por don Enrique Bosch, barón de Casa Blanca, a quien le uniría una estrecha amistad. Fue él quien gestionó su nueva beca en 1880, ésta desde la Diputación Provincial de Castellón presidida por Ruiz Vila, pues el propio Bosch era diputado provincial. Se le concedió así una pensión de 750 pesetas anuales.

Al finalizar el curso 1880-81 obtuvo un premio en la disciplina de Dibujo y un accésit en flores al óleo. A curso siguiente obtuvo el premio de colorido y otro accésit en la sección de paisaje superior. Debido a estos éxitos, en su tercer curso su pensión subió a 4.000 reales anuales, siendo de nuevo una acción impulsada por el barón de Casa Blanca. Ese año consiguió en accésit en composición, otro en dibujo del natural y un tercero en dibujo antiguo. En el curso 1883-1884, el último, obtuvo premios en las mismas materias que en el curso anterior.

Resulta llamativo el especial interés de la Diputación de Castellón en el desarrollo de la carrera de Puig Roda, hasta el punto de que en 1884 sabemos que se planteó como librarlo del servicio militar o que le destinaran a trabajos propios de su arte, aunque finalmente no hizo falta hacer nada, al no tener la altura mínima exigida.

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Durante sus años de becario, como era costumbre, Puig Roda debía presentar una vez al año a la Diputación una muestra de sus trabajos y su aprendizaje. Esta obligación implicaba también la entrega a la institución, un esbozo de cualquiera de sus trabajos; él, por su carácter agradecido, siempre hizo entrega de una pintura acabada. Todos estos trabajos se conservan en el Museu de Belles Arts de Castelló.

El 28 de julio de 1881 hizo entrega de un paisaje. Se trataba de una pieza bien ejecutada que recuerda a la pintura de Courbet i Corot, aunque es deudora de Haes y Villaamil.

La siguiente obra que ofreció a la Diputación fue Mendigos, obra propia del estilo costumbrista, donde presenta una inteligencia y economía que le permiten una pintura verista en la que muestra claramente sus aptitudes, donde la tragedia y la tristeza de sus dos personajes contrasta con la belleza de las pobres ropas con jirones, mostrando una gran aptitud para plasmar cualidades táctiles sin empequeñecer la potencia del tema. El tratamiento compositivo, la luz y los tonos, dan un elocuente testimonio de su facilidad de retratar del natural, con dos personajes verídicos probablemente encontrados en la calle de forma casual, de donde solía tomar a sus modelos, tal y como dejó él constancia a lo largo de su diario personal.

En 1884 hizo entrega de Florista Valenciana, obra donde la exquisita ejecución del vestido es la mejor muestra de sus avances.

Merece una mención en este apartado sus dibujos a carbón, muchos hechos del natural, los cuales son muestra de su absoluto dominio del dibujo, y esta habilidad será siempre manifiesta tanto en sus lienzos como en sus acuarelas. Una de las grandes disciplinas de las academias era el dibujo, pues posibilitaba el dominio perfecto del cuerpo humano, cosa imprescindible para realizar pintura de historia o costumbrista, los cuales reclaman un sólido dibujo anatómico.

Estos ejercicios eran muy importantes para él, pues los continuó practicando tanto en Roma como en Barcelona, cuando ya era un artista profesional, y no hay que olvidar que el ayuntamiento de Vinaroz conserva un nutrido número de estos trabajos.

 

  1. VV.AA; Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura. Tomo XLI. Octubre-Diciembre 1965. Cuaderno IV. Article En el centenario del pintor Gabriel Puig Roda (1865-1965). p. 284.
  2. Gascó Sidro, Antonio J.; G. Puig Roda, su vida, su obra, Barcelona, 1985. p. 18.
  3. Gascó Sidro, Antonio J.; G. Puig Roda, su vida, su obra, Barcelona, 1985. p. 20.
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Marc Borrás Espinosa es Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de València, Master d'Estudis Avançants en Hª. de l'Art de la U. de Barcelona, Investigador del Centre d'Art d'Epoca Moderna de la Universidad de Lleida.

 

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