Hemos sido unos afortunados, o al menos así lo pensamos la mayoría respecto al viaje del Papa León XIV a España. Era poco conocido, por llevar poco más de un año, y se ha metido a los españoles, y al mundo, en el bolsillo, por su cercanía, profundidad, claridad, optimismo y transmisor de esperanza en un mundo muy complejo, que parece hacer del pesimismo y la incertidumbre su carnet de identidad.
En su viaje apostólico el Papa no ha evitado ningún tema, y a la vez ha aportado soluciones, siempre desde el ángulo que le pertenece, que es la doctrina de la Iglesia aplicada a problemas o debates actuales.
Por ejemplo, sobre la inmigración. Apeló a los países de origen, a los de tránsito, a Europa y a todo el mundo, señalando a las mafias. Eso es hablar claro.
No dejes que te lo cuenten, vívelo: es un axioma que yo apliqué a este viaje. Quise vivirlo junto al Papa, en un viaje relámpago a Madrid, el domingo 7 de junio. Un autobús que salió de Castellón a la 1 de la madrugada de ese día y regresó por la noche: ida y vuelta en el día. En el autobús había personas de tres generaciones, que con gusto hicimos ese viaje, cansado: valió la pena.
Con buen humor y sentido práctico, una de las viajeras afirmó: “Así te evitas buscar alojamiento”. Se lograba asistir a lo principal, la Misa con el Papa y la procesión del Corpus Christi, pues muchos no podríamos estar en otros actos. Y económico.
La llegada fue impactante. Nunca había asistido a ningún acto con 1,2 millones de personas, ni con un Papa ni con nadie. Percibí un clima de alegría, religiosidad renovada, servicio y generosidad. Muchos jóvenes. Civismo: tal vez tiene relación con los valores morales y la dignidad, con rezar, hubo un ejemplar civismo.
Este viaje apostólico de León XIV está dejando una huella profunda, sobrenatural y humana. Ha apelado a que la práctica cristiana no sea reliquia de museo, que no se ciña a la esfera privada, que aspire a la santidad, que reviva el ejemplo de los primeros cristianos. Defensa de la vida, como primer derecho. Diálogo. Paz. Aplaudido siete minutos en el Congreso, que no parece coherente por la legislación que tenemos.
Un sacerdote ha comentado que, tras el viaje de Juan Pablo II en 1982 por España, hubo un aumento de vocaciones sacerdotales, y que ahora también lo habrá. Un colega me ha comentado que el viaje es un “subidón” para los católicos y para toda la sociedad, española y mundial, pues el centro de su mensaje ha sido Dios y la dignidad humana.
Pienso que para España, para el mundo, no será algo pasajero o meramente emocional. Los jóvenes han reaccionado con ese “no temer el matrimonio”, sin quedar atrapados en el vacío ni el conformismo, pidiéndoles que sean “chispa de una humanidad nueva”.
Un viaje muy denso y que ha sorprendido a todos. Me quedo con una frase que dijo en la prisión Brians 1 de Barcelona, sentado frente a los reclusos: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”. Me parece útil para todos. La respuesta es, y debe ser, personal.
Foto: Vatican Media / Cordon Press
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
