La feria de las vanidades
En la aldea global en la que se ha convertido nuestro mundo, los medios de comunicación, y muy especialmente los audiovisuales, han impuesto la frivolidad, el pasatiempo y la estulticia como el ámbito permanente en el que se mueve la vida mental de innumerables personas. Son miles de horas las que la gente pasa ante la pequeña pantalla mirando y escuchando, centenares las que dedica a leer u hojear ciertos periódicos y revistas; pero todo ese tiempo no se traduce ni un gramo de progreso en conocimientos formativos y en cultura, sino más bien lo contrario. El hecho sociológico es incontestable: muy probablemente, la mayoría de la gente adicta a la televisión no sabe por qué país discurre el río Ganges, por ejemplo, pero estarán enterados al detalle de la vida y de los escándalos de la famosa de turno, o de las vicisitudes del fichaje de un popular futbolista.

Cientos de miles de españoles participan estos días en las procesiones, Vía Crucis, Horas Santas y actos en torno a la Semana Santa. No sé si algún año alguien habrá calculado la cifra de participantes en España, pero salta a la vista que son cientos de miles. Y millones de personas los que asistirán a las procesiones y demás actos como “público”. El silencio sobrecogedor de algunos pasos o momentos de estas celebraciones; el sonido atronador de tambores y bombos; los gritos emocionados de no pocos al pasar el Nazareno, la Dolorosa o Cristo Crucificado: devotos y curiosos se suman a las celebraciones. Son un imán que atrae también el “turismo religioso”, que los municipios fomentan, sean del partido político que sean los gobernantes, por su popularidad, arte, espectacularidad y emoción. Borriol, Torreblanca, Alcora…
La sociedad en que vivimos es definida por sociólogos e historiadores de diversas maneras –sociedad democrática, sociedad postmoderna, sociedad del bienestar-, pero la definición que se ha hecho más popular, sin duda alguna, es ésta: sociedad de consumo. Es una definición acertada porque, en una sola palabra, indica su estructura económica fundamental, por una parte, y las características del comportamiento social que ésta determina, por la otra.
Hoy es el Día Mundial del Síndrome de Down, institucionalizado por la ONU. Cada 21 de marzo es un recordatorio de lo que necesitan las personas que tienen este síndrome y el apoyo familiar, educativo, profesional y social que les prestamos.
Ayer, en el Congreso, Mariano Rajoy vinculó las mejoras de las pensiones a los presupuestos. Implicó a todos los partidos, y jugó bien su baza.