CRISTINA LEYA STROSS
Acabo de perder a mi mujer, que fue mi compañera de vida durante 60 años; madre de nuestros tres hijos y abuela de nuestros ocho nietos. Se que no es habitual que un recién enviudado, en lugar de estar rumiando sus penas se dedique a subrayar las virtudes de su recién fallecida esposa.
Lo cierto es que han sido muchos días, meses y años juntos y tendrá que pasar tiempo, mucho tiempo antes de que consiga hacerme a la idea de que ella ya no está. Creo que nunca lograré acostumbrarme a vivir sin ella. En realidad, no quiero acostumbrarme a esta nueva vida que se me viene por encima.
Y es que mi propia vida carece de sentido si sustraemos todo lo que Cristina aportó a ella.
