Exiliados venezolanos

Todos conocemos algún venezolano que ha tenido que salir de su país en estos 26 años de chavismo. Uno de ellos, que vive con nosotros, me ha dicho sobre la situación de su país: “hay muchas cosas que no entiendo”.  Todos tenemos interrogantes. Tienen una esperanza grande y una incertidumbre considerable. 

No va a ser rápido ni fácil normalizar Venezuela. De los casi ocho millones de venezolanos que han salido de su país a causa de la dictadura chavista, bastantes no regresarán, pues en Castellón, en otras ciudades de la provincia, por toda España, con coraje se han abierto camino y el futuro aquí es cierto, mientras que regresar a Venezuela pronto es arriesgado y sobre todo con la familia. Bastantes de ellos están trabajando en España y ayudan económicamente a su familia en Venezuela. Hay muchas variables. Normalizar la vida allí requiere tiempo.

MADURO EN NY

A las dos de la madrugada de ayer, 3 de enero, los Estados Unidos lanzaron una operación sobre diversas instalaciones militares venezolanas que vinieron seguidas -y quizá fueron pretexto- para la captura del matrimonio Maduro que se encuentra ya en Nueva York y en escasos días serán juzgados por tráfico de drogas y armas.

La sorpresa a nivel mundial ha sido descomunal y sin embargo Trump había anunciado su plan desde hace días y hubiera podido realizarlo dentro de 2025, pero prefirió aguardar la llegada de buen tiempo atmosférico para lograr que tanto la acción aérea como la delicada operación del equipo Delta Force conocieran las mejores condiciones posibles y pudieran cumplirse con una precisión impecable.

ROGLE 232, giner 2026

EDITORIAL

L’inventada cultura comuna

U dels mantres mes repetits pel catalanisme es la “cultura comuna” que compartim en els “Països Catalans”. I u se pregunta: ¿en qué se basen per a fer dita afirmacio? Tractes de trobar nexes d’unio i nomes apareixen els castellets, duts a Catalunya des de Valencia a través de les colles de moixaranguers. Llevat d’aço, tot lo que compartim en ells es lo que tenim en comu en molts atres pobles d’Espanya, quan no del mon.

Casa de la Familia

El padre de un colega le echa en cara que en todas sus columnas toca deficiencias, ineficacia y, en definitiva, todo negativo. Es más: le pide que, por favor, alguna vez escriba sobre noticias o enfoques positivos que animen, pues ya la vida nos trae de todo, incluso alegrías. También es verdad que un periodismo dulzón no tiene sentido.

Este periodista escribe muy bien, en mi opinión. Es incisivo, ordenado, se documenta, en absoluto es superficial. Pero algo de razón tiene su padre, y nos puede pasar a muchos: lo negativo, la crítica, un cierto desdén hacia casi todo, como si estuviéramos casi por encima de todos, con cierta autosuficiencia.

Sobre todo en estas fechas navideñas y de Fin de Año, me he propuesto contribuir a la alegría y cierta ilusión. Los niños la tienen por los regalos que reciben, ahora esperando a los Reyes Magos: por cierto, me vienen muchos recuerdos del Rey Gaspar en 2006, en Castellón, algo imborrable, recuerdos compartidos solo con algunas personas.

2026 puede ser mejor

Puede ser útil, al acabar el año 2025, valorar qué queremos o esperamos en 2026. Alguno, con humor, puede decir simplemente: “Que me quede como estoy”. Y tal vez es realista para una vida cotidiana, sin estridencias, sin enfermedades, sin zozobras laborales. Pero suena demasiado llano. Aspiramos a algo más que a sobrevivir.

El mero cambio de calendario no cambia nada, o casi nada. Lo que puede cambiar es nuestra actitud o ánimo con el que empezamos 2026. Por mi parte, me repelen frases grandilocuentes del estilo: “Solo es imposible lo que no se intenta”. No es que rechace todo proyecto u objetivo, sino que lo más sensato suele ser intentar proyectos realizables, realistas, porque de grandes frases o proyectos megalómanos surgen grandes batacazos personales y económicos.

LA LENGUA INVENTADA por EL BLAVERISMO

En este 2025, cabalgado por Mazón, las checas catalanistas de Enseñanza de la Generalidad del PP repiten la vieja consigna de que los blaveros se inventan una lengua valenciana de jerigonza. Es pecado perseguido por la Santa Inquisición de la AVL del PP. Así, si un Dr. en Matemáticas nacido en Orihuela quiere dedicarse a la Enseñanza, deberá examinarse de C1 ante unos engreídos analfabetos en Matemáticas, Biología, Filosofía o Historia que le suspenderán si escribe, p.ej., la palabra «terremot«, ya que los prevaricadores de la AVL la han eliminado del Diccionari Normatiu Valencià. Sólo admiten el occitanismo terratremol, compartido en valenciano y catalán.
 

Imagen: Institut Cartogràfic Valencià
 


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ELECCIONES AUTONOMICAS

Ha empezado el ciclo electoral autonómico que partiendo de Extremadura el pasado domingo, continuará en Aragón, Castilla León y Andalucía a partir del mes de febrero próximo.

Cada elección es regateada por los partidos como si de unas generales se tratara. Y es normal que así sea puesto que los resultados de cada ejercicio van marcando la ruta que probablemente eclosionará en las próximas legislativas marcando el camino del vencedor (o vencedores) y los perdedores.

Por mucho que se quiera discutir el resultado lo cierto es que el vencedor en Extremadura ha sido el PP de María Guardiola, que ha obtenido 29 escaños, uno más que en las pasadas elecciones aunque a cuatro de distancia de la mayoría absoluta. También se sienten vencedores Vox con 11 puntos -más que duplicado los resultados de 2023- y Unidas Podemos con 7 escaños. En realidad el único perdedor claro ha sido el PSOE que ha perdido diez puntos quedándose con el peor resultado de todos los tiempos democráticos.

LA "DIGNIFICACIÓ"

¡Vaya, así que la cacareada ‘dignificació’ era la muerte del valenciano! Desde hace más de un siglo, ofendidos salvapatrias progresistas —que acabaron viviendo de la ubre institucional— atormentaron al pueblo con la añorada ‘dignificació del valencià‘, frase que solía acompañarse de burlas a quienes veían llegar el fascismo expansionista catalán, el que ahora controla las checas de Enseñanza de la Generalidad del PP y fomenta el autoodio a Valencia y España. Han entronizado la susodicha ‘dignificació‘, y el logro más sorprendente es el cambio de categoría del idioma que usaba Joanot Martorell y admiraba Cervantes, que ha pasado a ser vulgar dialecto.

 

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