El origen íbero del valenciano I

Ricart G. Moya el Dom, 01/04/2018 - 21:52

En septiembre de este 2013, pensando en la controversia sobre las raíces iberas del valenciano (escaramuza estival entre insólitos personajes, dentro de la Batalla de Valencia), fui a observar el nacimiento del Ebro. En Fontibre contemplé el pequeño estanque y manantial considerado, hasta hace poco, origen del río que da nombre a la península Ibérica. Al lugar acuden numerosos visitantes desconocedores de que nace 20 kilómetros arriba, en el Alto Campoo. Hacia allí, remontando el cauce del Híjar, llegué al verdadero punto  cero. Fue en 1987 cuando unos científicos del Instituto Geológico y Minero colorearon las aguas del Híjar y, como un Guadiana, observaron que resurgían en el manantial de Fontibre. Hasta esa fecha, quien hubiera negado que el Ebro nace en Fontibre hubiera sido catalogado de ignorante o visionario. El interés en que el turismo siga dejando beneficios mantiene el equívoco. Aquel día, mientras Fontibre rebosaba de turismo patrio, en la magnífica fonda ‘La Casuca’, junto al Híjar, estábamos cuatro gatos. A Fontibre y Reinosa les interesa mantener la tradición por interés crematístico.

Un “procés” contra todos

Javier Arnal el Jue, 29/03/2018 - 09:21

Los independentistas catalanes se parecen, cada vez más, al conductor de la autopista que piensa que todos van en dirección incorrecta, menos él.

Ya no es sólo el Gobierno, ni los partidos constitucionalistas PP-PSOE-Ciudadanos, ni los jueces, ni la policía. Los secesionistas catalanes ahora tienen otro “perseguidor” para añadir en la lista: Alemania, porque su justicia detuvo a Carles Puigdemont y lo mantiene en prisión.

Pocas horas bastaron, para que los partidarios del “procés” se manifestaran, entre otros lugares, frente al consulado alemán en Barcelona, y se oyeron gritos como “Europa es una vergüenza”.

En el chiste de la autopista, un conductor circula, y oye por la radio: “¡Atención, tengan cuidado, un conductor circula en sentido contrario!”. Y un conductor que lo oye, responde: “¡Uno, no, todos!”. Todos, excepto los independentistas, estamos equivocados: podrían reflexionarlo un poco más, respetar a las personas de verdad.

Procesiones

Javier Arnal el Mié, 28/03/2018 - 08:58

procesionCientos de miles de españoles participan estos días en las procesiones, Vía Crucis, Horas Santas y actos en torno a la Semana Santa. No sé si algún año alguien habrá calculado la cifra de participantes en España, pero salta a la vista que son cientos de miles. Y millones de personas los que asistirán a las procesiones y demás actos como “público”. El silencio sobrecogedor de algunos pasos o momentos de estas celebraciones; el sonido atronador de tambores y bombos; los gritos emocionados de no pocos al pasar el Nazareno, la Dolorosa o Cristo Crucificado: devotos y curiosos se suman a las celebraciones. Son un imán que atrae también el “turismo religioso”, que los municipios fomentan, sean del partido político que sean los gobernantes, por su popularidad, arte, espectacularidad y emoción. Borriol, Torreblanca, Alcora…

Esta realidad de fervor religioso en Semana Santa, creciente, choca con la disminución de la práctica religiosa en nuestro país, y no hace falta recordar la disminución de Bautismos, el descenso de matrimonios por la Iglesia o la baja práctica dominical. Desde luego, varía según las zonas geográficas, pero constituyen un denominador común innegable.

La cultura consumista

Isaac Riera el Vie, 23/03/2018 - 08:45

consumismoLa sociedad en que vivimos es definida por sociólogos e historiadores de diversas maneras –sociedad democrática, sociedad postmoderna, sociedad del bienestar-, pero la definición que se ha hecho más popular, sin duda alguna, es ésta: sociedad de consumo. Es una definición acertada porque, en una sola palabra, indica su estructura económica fundamental, por una parte, y las características del comportamiento social que ésta determina, por la otra. Fracasado por completo el comunismo, se ha impuesto en todo el mundo el sistema de economía de libre mercado, cuyos rasgos esenciales son la superproducción de bienes y servicios debido a los avances tecnológicos, la comercialización o marketing total, y la promoción propagandística de nuevas y más sofisticadas necesidades en la gran masa; pero este gigantesco sistema productivo sólo puede subsistir si se cumple una condición: la predisposición psicológica de la gente a comprar y a consumir productos sin cesar, que a su vez determina un aumento continuo de productos, y que a su vez supone lanzar sin cesar nuevas ofertas al mercado. La prosperidad material postmoderna se sustenta sobre un gran y complicado tinglado de necesidades e intereses.

 

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