LOS INMORTALES
Es extraordinaria la pervivencia del arte en el tiempo. Por algo a los creadores se les llama inmortales; sus obras seguirán ahí, conmoviéndonos con su belleza, incluso enfermándonos cuando no somos capaces de encajar tanto esplendor, como le ocurrió a Stendhal, que entró en crisis como consecuencia de la contemplación de la Basílica de la Santa Cruz de Florencia.
No les voy a hablar de los grandes de la pintura, de los clásicos de la música o de los escritores que se mantienen vivos después de siglos. Les hablaré de un cantante que ni siquiera fue tan famoso como Piaf, Montand o Becaud. Ni tan incisivo como Brassens, Ferrat o Regiani.
Era más bien un cantante pop, especializado en música romántica y con un particular estilo a la hora de interpretar romances quizá de otros compositores. Su nombre es Joe Dassin y no en balde era hijo del realizador cinematográfico Jules Dassin, director de films tan recordados como Rififi, Nunca en domingo o Topkapi.
