UN KIT DE SUPERVIVENCIA
Siempre me he considerado como un convencido europeísta. Desde 1956 hasta el primer decenio del siglo XXI. La Unión Europeo y sus progenitores -la CECA, el Mercado Común, la CEE- pudieron considerarse como la historia de un éxito. Muchos países europeos crecieron y se fortalecieron gracias al apoyo de Bruselas.
En los últimos años las cosas no nos van tan bien. La alerta lanzada por la señora Van der Leyen pidiendo a los 450 millones de europeos se abastezcan de agua y de alimentos no perecederos para sobrevivir al menos durante tres días, es uno de los consejos más pobres que nos han llegado nunca desde Bruselas, en sus 70 años de vida (tapones de botella excluidos). Que una advertencia de este género hubiera sido originada por La Moncloa, la habríamos tomado en broma, pero todos esperábamos más de Bruselas.