Espejismo de guerra
Europa y el mundo viven el espejismo de una guerra que confirma la veracidad de distintos axiomas. El primero de ellos es el principio de la globalización puesta de manifiesto en que una crisis en un país, en cualquier país, provoca olas que llegan al resto del planeta.
Ucrania no es un país central. No es tan notable como Italia, Francia o Polonia. Ni siquiera lo es como Suiza, Bélgica o Grecia. Ucrania es un gran país que en la época contemporánea quedó opacado por su incorporación al gran monstruo de la Unión Soviética, avasallada por Rusia.
Esa fue una de las razones que llevó a Putin a creer que el mundo quedaría indiferente ante su invasión como lo había hecho cuando procedió de forma semejante contra Georgia o Moldavia, o como cuando absorbió Crimea. El otro gran error de Putin fue pensar que la propia Ucrania no reaccionaria de forma heroica en que lo está haciendo, comenzando por el propio presidente Zelenski.
