La tensión de ser cristiano

Isaac Riera el Vie, 02/12/2016 - 09:17

cristianismoEl cristiano necesita saber qué actitud ha de tomar ante los hombres y ante la vida, porque de la actitud deriva siempre la calidad del comportamiento. Pero no todos tienen una idea clara sobre tan importante cuestión. Sin duda alguna, la actitud del cristiano no puede ser otra que la presentada en el Evangelio; pero ¿cuál es en concreto? ¿Qué implica pensar y sentir según el espíritu de Cristo? La cuestión es más profunda y compleja de lo que se supone, porque el Evangelio, en su aparente simplicidad, nos prescribe dos actitudes ante la vida, cada una de las cuales parece negar a la otra: la radicalidad y el espíritu de comprensión. No hallamos esto en las doctrinas humanas. El Evangelio contiene, por una parte, exigencias radicales que se contraponen a la dimensión en que vive el hombre real; por otra parte, sin embargo, está en amorosa cercanía de las miserias del hombre y comprende su fragilidad. Las dos posturas, aunque parezcan opuestas y mutuamente excluyentes, son esenciales a la actitud evangélica. La doctrina radical de lo divino no es obstáculo para ser, a la vez, la doctrina más comprensiva de lo humano. Es esta una consecuencia del Misterio de la Encarnación.

Las adolescentes preocupan

Javier Arnal el Jue, 01/12/2016 - 09:21

Las adolescentes preocupan a toda la sociedad en estos momentos. Es una edad crucial, de habitual rebeldía, de descubrimiento humano, de inicio de afirmación de la personalidad, y por eso siempre ha habido en los adolescentes elementos de fluctuación, que preocupan a familias, docentes y ámbitos diversos de la sociedad.

Dos hechos elevan la preocupación actual: los comas etílicos entre las adolescentes y su renuncia a denunciar la violencia machista. Algo grave está pasando, y no sería justo atribuirlo a las adolescentes únicamente, sino a quienes intervienen en su formación y desarrollo, especialmente las familias.

Hace un mes, Laura falleció a causa de un coma etílico, en una ciudad madrileña. Hace unos días, otra menor de 13 años estuvo a punto de fallecer por la misma causa, tras un botellón. En el caso de Laura, ya había tenido que ser atendida en otras ocasiones por el mismo motivo. ¿Sólo ahora hay borracheras entre las adolescentes? Desde luego que no, pero su mayor frecuencia e intensidad sí han aumentado peligrosamente en la sociedad, y no sólo a causa de los famosos botellones: tal vez beben menos las chicas, pero las que beben lo hacen en mayor cantidad y sin calibrar los riesgos. Por supuesto que habrá que atajar la venta de alcohol a menores de edad, pero todos sabemos que hay muchas manera de que lo adquieran, por ejemplo comprándolo un mayor de edad que sea amigo o conocido.

Elogio del silencio

Javier Arnal el Jue, 01/12/2016 - 09:19

He de reconocer que estas líneas están inspiradas en un viaje reciente de Valencia a Madrid, en el vagón de “Silencio” del AVE. En ese tiempo de 100 minutos, da tiempo para pensar, escribir, leer o, quien lo desea, descansar sin más.

Una cultura que se caracteriza por el ruido, la velocidad y la prisa parece pedir, cada vez más, un espacio mayor para el silencio. El éxito del vagón del AVE es una prueba.

Hace años, leí un pensamiento que me hizo mella: el ruido no hacen bien, y el bien no hace ruido. Pienso que no es una defensa del ostracismo ni el aislamiento social, sino una consideración que pide un espacio propio para el silencio en la vida de todas las personas, y no sólo de poetas o artistas que insisten en la necesidad de tener ocasión de disfrutar del silencio, para reflexionar e inspirarse, en casa, en la playa, en el monte o en cualquier lugar, porque el silencio puede estar… hasta en el AVE.

Un amigo escritor recordaba, hace unas semanas, lo que le ayudaba el silencio del mar, porque notaba que le venían recuerdos y sensaciones: el mar me habla, me sugiere. No hace falta ser escritor: el silencio puede ser elocuente, sugerir, dar paso a una intimidad con frecuencia maltratada por acumulación de ruidos, prisas y saturación informativa.

La civilización decadente (4ª parte)

Isaac Riera el Dom, 27/11/2016 - 10:45

El signo más claro de la decadencia moral de una sociedad es la decadencia de sus ideales, y tal parece ser la actual situación de las sociedades de Occidente. Ese aparente dinamismo, esos cambios bruscos en las ideas y en las costumbres que todos experimentamos no son signo de vida y de crecimiento, sino de todo lo contrario. Pocos se paran a meditar sobre tan formidable cambio social, y es muy importante que lo hagamos. ¿A dónde vamos, qué horizonte vamos a encontrar tras la implacable destrucción de principios y de costumbres? Las revoluciones destruyen para construir de nuevo; pero si sólo nos ofrecen en recambio un horizonte vacío, hemos de concluir que nos llevan al suicidio. Porque es esto lo más importante a la hora de juzgar el tan traído y llevado «progreso» de nuestra sociedad: se puede progresar hacia arriba, hacia una superación histórica, y se puede progresar hacia abajo, hacia la muerte por inanición del espíritu. La revolución cultural que se ha emprendido lleva todas las trazas de abocarnos a esto último. Está siendo, sin duda, muy eficaz en destruir, pero se ve impotente para ofrecer valores sólidos que orienten el sentido de una nueva vida. La enorme desorientación en que hoy está sumida nuestra sociedad es debida a que se va quedando sin ideales.

Rita Barberá, descanse en paz

Javier Arnal el Jue, 24/11/2016 - 10:47

rita barberáLa noticia de la muerte de Rita Barberá corrió como un reguero a primera hora de la mañana de ayer. Se sucedieron reacciones y declaraciones de todo tipo, algunas de los cuales me parecen inhumanas, como el hecho de que los diputados de Podemos se ausentaran del hemiciclo para no guardar un minuto de silencio: al menos, Antonio Montiel, el líder de Podemos en la Comunidad Valenciana, sí estuvo a la altura, al igual que Compromís.

Rita ya descansa en paz, la paz que no ha tenido en estos meses. Como ha dicho el ministro de Justicia, Rafael Catalá, algunos deben valorar las declaraciones que han hecho en estos meses sobre la difunta senadora y ex-alcaldesa de Valencia. No sólo le han juzgado –que corresponde a los tribunales-, sino que la han condenado, sin deslindar lo que es crítica política de lo que es responsabilidad judicial.

Sin lugar a dudas, se abre un debate ético, jurídico, periodístico y político. En política no todo vale, ni siquiera para criticar o discrepar de adversarios políticos. Se le ha linchado. En el propio PP algunos que le alababan en público a la “alcaldesa de España” la han vilipendiado en privado, y a veces en público han caído en la trampa inhumana e injusta de ciertos adversarios políticos.

 

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