Ser o Estar

Juan Urios Ten el Dom, 18/12/2016 - 08:46

…”Aquí la necesidad no es infamia; y si es honrado, pobre y desnudo un soldado tiene mayor calidad que el más galán y lucido; porque aquí a lo que sospecho no adorna el vestido al pecho que el pecho adorna al vestido… (Calderón de la Barca)

Efectivamente, no es lo mismo “ser” soldado que “estar” de centinela o dicho de otro modo, “el hábito no hace al monje”. El soldado tiene que ser un ejemplo, el centinela puede ser negligente o no serlo. El soldado debe tener unos principios y unos valores fundamentales y el centinela puede no tenerlos, como “el honor y la bizarría, la disciplina y la obediencia, la constancia o la paciencia , el buen trato o la verdad”…ya que el soldado es el brazo armado de la Patria y representa esos valores a defender; es una profesión la suya de fuerte vocación, que imprime carácter duradero, permanente y debe ser una referencia a sus ciudadanos de espíritu de servicio, moderación y amistad; de no ser así, si se busca solo “el adorno del vestido al pecho y no el pecho que adorna al vestido”, o “si se busca una buena renta” o poder, en ambos casos debe alejarse del servicio y elegir otra profesión.

La espontaneidad contra la norma

Isaac Riera el Vie, 16/12/2016 - 08:53

Al analizar una crisis, lo más importante es determinar la actitud de fondo que la produce. Actitud, preciso es decirlo, que suele estar oculta y subconsciente, y que hay que ponerla a la luz si queremos comprender el sentido global de sus múltiples manifestaciones. Y este es el tema que ahora nos ocupa. La honda crisis que el catolicismo viene padeciendo desde hace algunos lustros ha sido analizada desde muchos ángulos, pero no se ha llegado a desvelar, creemos, la actitud que está en su base. Es ya un tópico decir que se trata de un cambio de mentalidad para adecuar a la Iglesia a una nueva situación histórica; la crisis, en este supuesto, sería la convulsión inevitable de todo reajuste. Esta tesis, aparte de encerrar un juicio positivo sobre la crisis —y seguramente por ello—, parece ignorar lo más importante; a saber, que la crisis está producida por una tendencia incontrolada hacia la liberación, por un talante vital que poco tiene que ver con la mentalidad renovadora. Porque no se trata de adecuar formas o métodos, sino de «liberar» al espíritu del mundo de las imposiciones, como lo prueba el hecho de la contestación sistemática a toda doctrina o institución que condicione la vida del creyente.

Hablar en público, asignatura pendiente

Javier Arnal el Vie, 16/12/2016 - 08:51

Ahora que está reciente el informe PISA sobre la calidad de la educación y la mejora en algunos aspectos de los estudiantes españoles, sigo echando en falta una mayor preparación sobre cómo hablar en público, ya desde la adolescencia, por poner una referencia.

Siempre he agradecido que en el centro escolar donde yo estudiaba el profesor de Lengua daba importancia a expresarse en público, no sólo a leer y escribir con corrección, que ya es algo muy importante. Y como parte de la asignatura exponíamos cada uno diversos temas, y luego se hacían observaciones por parte del resto de los alumnos y del profesor.

Seguro que yo puedo mejorar mucho en cómo expresarme en público, pero las lecciones de aquella época de mi vida me han ayudado mucho: valorar algo y dedicarle un tiempo ya es una inversión rentable para toda la vida. Y cuando se comprueba su eficacia, se cuida mejor.

Tengo un amigo periodista que imparte cursos desde hace años sobre cómo hablar en público. Recientemente impartió una sesión con el título: “Por qué tenemos miedo a hablar en público? Aprendamos a superarlo”. Viene haciéndolo desde hace años, con éxito, pero no debe ceñirse a una afición o habilidad periodística o docente, sino una parte de la formación a partir de cierta edad que luego tiene mucha utilidad en la vida profesional. ¡Hasta en las oposiciones!

La fidelidad de Javier Echevarría

Javier Arnal el Mié, 14/12/2016 - 08:54

Nada hacía presagiar el fallecimiento, el pasado lunes por la noche, del Obispo Prelado del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría. Inmediatamente lo comuniqué al Obispo de la diócesis, D. Casimiro, pues el Opus Dei es una institución de la Iglesia que desarrolla su tarea siempre en comunión con el Obispo diocesano, y compartimos las alegrías y las penas.

El Opus Dei es de ámbito universal, y cuenta con 91.892 miembros en estos momentos, como publica el Anuario Pontificio, de los que 2.094 son sacerdotes. El 55% son mujeres. En la provincia de Castellón 250 miembros y 4 Centros del Opus Dei, bien conocidos, dos de ellos dedicados a jóvenes. Además, hay miles de cooperadores –un no cristiano puede serlo-, familiares, amigos y conocidos en la provincia, que acuden a medios de formación espirituales –es la finalidad del Opus Dei-, rezan o colaboran en iniciativas apostólicas con personas del Opus Dei, en tantas tareas que tienen su eje en las obras de misericordia, subrayadas recientemente por el Papa Francisco en el Año de la Misericordia. Buscan en esta institución formación para ser católicos coherentes, en la vida corriente, activos y con la humildad de no sentirse mejores sino en necesidad de convivir y aprender de los demás, con todos y de todos.

Defensa de la Constitución

Germán Reguillo el Sáb, 10/12/2016 - 08:59

El ocho de julio del año 1808, don José Napoleón, “por la gracia de Dios, Rey de las Españas y de las Indias”, nos regalaba nuestro primer texto constitucional. Era una carta otorgada y por eso digo que nos regalaba, porque los españoles no contamos para nada en su elaboración. Nuestro primer texto constitucional. Han pasado 205 años, y desde entonces diez textos legislativos de rango superior han tratado de regular nuestra convivencia política con mayor o menor fortuna, sin contar el proyecto de constitución federal de la I República del 17 de julio de 1873 (por cierto, ¿sabían los nacionalistas de todo pelaje que el preámbulo de esa constitución federal reconocía sin ningún tipo de complejos a la nación española?).

Entre los diez textos, tan solo dos se aprobaron con el consenso mayoritario: la constitución de Cánovas, respaldada por Sagasta, del 30 de junio de 1876 y la constitución del 6 de diciembre de 1978. Y precisamente, los dos han sido los más duraderos: 47 años la de Cánovas y 38 la actual. El resto de constituciones siempre se dejaban en la cuneta a la otra mitad de los españoles.

 

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