Amarga victoria
La jornada electoral de ayer sorprendió a todos: a la derecha que se daba por vencedora, a la izquierda que se consideraba perdedora, a los encuestadores que han errado colectivamente, a los columnistas y comentarista políticos que basábamos nuestros análisis en los cálculos matemáticos proporcionados por los demóscopos.
Fue una noche triste para todos los que confiaban en presenciar la liquidación del sanchismo, la recuperación de un sistema judicial independiente, con un código penal con la sedición y la malversación recuperados, triste para quienes queríamos ver a los separatistas, comunistas y filoterroristas orillados. En suma, debía haber sido la noche en que desapareciera Frankenstein y comenzara a gobernar un gobierno moderado y de recuperación nacional.
Fue una noche gozosa para quienes creen que los enemigos de España no son Otegi, Puigdemont, Junqueras, Díaz y Sánchez, sino que lo es Abascal y Vox.
