Un político ejemplar
En repetidas encuestas –y no solamente en España- los políticos suelen aparecer como la clase más denostada y que más preocupa al ciudadano medio. Los escándalos económicos protagonizados por esta casta son frecuentes. En algunos casos, por desgracia, tienen demasiada prisa por hacerse ricos.
Junto a esta evidencia –triste evidencia- sería injusto generalizar el mismo rechazo a todos los políticos. La honrada ambición, como nos enseñaban en las clases de moral militar, es noble, justa, útil y necesaria. Ahí se encuentra una de las claves del progreso de la humanidad.
Es cierto, como afirma el refrán popular, que en todas partes crecen habas. O dicho de otro modo, en todos los grupos sociales –partidos, sindicatos, instituciones, etc.- aparecen ovejas negras que, lamentablemente, con su obsceno proceder, ponen en entredicho la conducta generosa, noble y desinteresada de muchos de sus correligionarios que llegaron a la política o al sindicalismo, o a cualquier actividad pública, con el noble afán del servicio a los demás.