Los cínicos y la incubadora comunista
En la segunda mitad del siglo IV, fundado por el filosofo Antístines, apareció en Grecia un movimiento de protesta llamado los cínicos. Para este filósofo el cínico equivalía, por la sencillez de su vida, a un perro, a una contracultura. Los miembros de este movimiento de protesta se sublevaban contra una sociedad sofisticada –la casta que diría Pablo Iglesias-, amante de la buena vida y de la elegante túnica, en contraste con la pobreza de otros sectores sociales menos afortunados.
Los cínicos vestían de una manera extravagante. Solían dormir debajo de los puentes, a modo de protesta social contra una sociedad cuyo mántra sagrado era el lujo. Vestían con andrajos, lo más sucios posibles, a modo de estandarte, para distinguirse del refinamiento de aquellos helenos detestados que buscaban la felicidad en el lujo, en la buena mesa y en las elegantes hechuras de los sastres más demandados.