La Cumbre
Ya sabemos que la Cumbre de Madrid y también sabemos como lo ha hecho. Desde el punto de vista protocolario todo ha sido excelente. El rey dio una elegante cena en el palacio de Oriente y el presidente ofreció otra en el museo de El Prado. Tanto la reina como la señora Sánchez ejercieron como buenas anfitrionas en las misiones que les encomendaron.
Una aclaración: se resaltó mucho la genial idea del presidente de escoger el escenario de El Prado para ofrecer la cena; incluso algunos se escandalizaron de que los lideres occidentales se pusieran tibios entre las obras clásicas de nuestra mejor pinacoteca. No hay tal genialidad; este modesto embajador ha asistido a cenas en parecidos escenarios en el museo finlandés durante la Cumbre de la OSCE en Helsinki en 1975, como también lo hizo en la National Gallery de Washington durante la celebración del quinto centenario en 1992 e igualmente en la cumbre aeronáutica celebrada en el museo del Louvre. Esta es ya una práctica habitual.