El estado de la nación
Seguir los debates parlamentarios en cualquier país democrático debería ser un placer para los ciudadanos. Particularmente interesantes deberían ser los que estudian el estado en que se encuentra la nación, analizar pausadamente como está nuestro país y cómo debe avanzar para corregir sus defectos y mejorar sus virtudes, en ambos casos, si los hubiere.
No se cómo se sienten ustedes después de haber seguido las peripecias parlamentarias de estos tres últimos días, el primer ejercicio de este tipo que se hace después de un descanso de siete largos años. Para quien esto escribe el debate ha sido agónico y difícilmente soportable.
El gobierno socialista, en lugar de identificar claramente los males que nos afectan -paro, inflación empobrecimiento progresivo-, orientó su política a intentar salvar las fricciones con sus socios de Gabinete y con sus aliados Frankenstein, cuyo favor había perdido sobre todo a raíz de los recientes traspiés en especial en nuestras relaciones con el Magreb.