Sánchez o el poder del odio
Las calles de Madrid clamaron el domingo pasado contra Pedro Sánchez, pidiendo su dimisión y la convocatoria adelantada de elecciones generales. Motivos los hay sobrados: el cupo catalán, la corrupción y le rebaja de pena a las etarras.
Desde luego, es un presidente mentiroso, sin principios. Eso lo sabemos todos los españoles. Por tanto, la pregunta básica es cómo es posible que sea presidente, que se le votara lo suficiente el año pasado para poder gobernar con quien quiera compartir el poder a cambio de lo que pida, porque sabe que Sánchez se lo concederá, a cambio de seguir en la Moncloa.
Una buena parte de la respuesta la dio Rosa Díez el pasado 5 de octubre, afirmando que “las bases del PSOE son tan sectarias que odian más a la derecha que a los herederos de ETA”.
Es una afirmación muy dura, dirigida a los votantes socialistas, a los millones de votantes socialistas que volvieron a votar a un PSOE encabezado por Pedro Sánchez, pese a todo lo que había dicho y hecho, y sabiendo que seguiría mintiendo con tal de evitar que la derecha gobierne.