Un mes después
La magnitud de la catástrofe ocasionada por la DANA en Valencia se ha ido conociendo en profundidad. Recuperar a 850.000 personas que lo han perdido todo o casi todo –casa, coche, muebles, ropa, comercios, empresas– es una tarea inmensa.
Se siguen quejando de los políticos, recientemente también de los alcaldes, que muchas veces se han dejado la piel y carecen de la información y coordinación necesarias para que sus vecinos salgan lo más pronto posible de una vida con aguas fecales, barro, sin comercios ni bares, con negocios que se han ido al traste.
Las quejas se dirigen hacia Pedro Sánchez, Carlos Mazón, la Confederación del Júcar, los alcaldes, y también hacia los funcionarios. No se libra el Ejército ni tampoco la prensa. Es una rabia que expresa el sufrimiento, son personas agitadas –no violentas-, un dolor físico y psíquico que no sé si nos hacemos cargo: no hemos sufrido la DANA.